sábado, 15 de diciembre de 2012

La socialización humana


Cuando los mecanismos genéticos no son suficientes por sí mismos para transmitir correctamente todos los conocimientos necesarios para su supervivencia, es necesario generar otras formas que faciliten la transmisión de la información que se haya elaborado y almacenado por la sociedad. Este mecanismo, por el que una generación transmite a las siguientes tal información, consiste en diversas formas de enseñanza y aprendizaje, que pueden funcionar gracias a las estructuras de comunicación y/o lenguaje que las sociedades han podido crear y desarrollar. Siempre se ha dicho que el ser humano es un animal social, pues es dentro de las sociedades que él mismo ha creado, donde puede aprender todo lo necesario para poder sobrevivir y expandirse por nuevos ecosistemas. La vida social es el medio idóneo para facilitar el aprendizaje de los elementos culturales necesarios para garantizar la supervivencia de cada uno de sus componentes.

I. - Cultura y sociedad

Entre los animales sociales el aprendizaje de las formas de subsistencia se realiza con la convivencia entre todos sus componentes, pues los adultos conocen los tipos de alimentación disponibles, la forma de adquisición de los mismos y los lugares donde encontrarlos. En los mamíferos es fácil de apreciar cómo la convivencia dentro del grupo es fundamental para adquirir este tipo de conocimientos, los cuales son absolutamente necesarios para la supervivencia de cada individuo. Si un recién nacido o un miembro de poca edad es criado separado de los miembros de su especie (zoológico, reserva natural, o cualquier otra forma de vida en la que el animal no tenga que buscar el alimento por sí mismo), es casi imposible que pueda sobrevivir si es devuelto a su medio ambiente ya adulto, pues ignora las formas de subsistencia que conoce y usa el grupo social al que pertenece, y que no pudo aprender en su infancia. Todos los animales poseen un comportamiento innato o instinto que les empuja a realizar las acciones necesarias para su supervivencia. Sin embargo, conociendo estos aspectos etológicos es fácil deducir que la información genética no es suficiente, por sí sola, para garantizar la supervivencia de los individuos de una especie. Es necesario un aprendizaje social de las formas conductuales del grupo, para que pueda encauzar el comportamiento iniciado por el instinto hacia formas de conductas prácticas y autosuficientes.

La conducta de los mamíferos, y más aún en los primates, no es un fenómeno totalmente motivado por un origen instintivo de base genética, sino que existen diversas formas de conducta elaboradas por cada grupo, que no tienen porqué ser las mismas entre las diversas poblaciones de una misma especie. Cada vez se conocen más y mejor ciertas costumbres de algunas especies de animales, las cuales se parecen más a procesos culturales, con cierto parecido a los desarrollados por los seres humanos, que a manifestaciones puramente instintivas. Tales costumbres fueron creadas en un momento determinado y transmitidas, de generación en generación, por diversos mecanismos de aprendizaje, de tal forma que si éstos fallan la información cultural se pierde. Entre los grandes primates de diferentes lugares geográficos, es fácil encontrar casos en los que distintos grupos o especies próximas entre sí tienen importantes diferencias en determinados aspectos de su comportamiento. Este proceso, es consecuencia de que su adquisición se realizó en diferentes lugares y épocas, siendo mantenidos por diversos grupos sociales a través de las siguientes generaciones. Así, se formaron diferentes culturas para cada grupo, a pesar de ser de la misma especie.

Por medio de variados estudios realizados desde mediados del siglo pasado por el primatólogo Jordi Sabater Pi (1978), conocemos el uso de piedras para romper el hueso de algunos frutos silvestres, que utilizan los Pan troglogytes verus en zonas de Costa de Marfil, Liberia y Malí. Paralelamente, la subespecie Pan troglodytes troglodytes pertenece a la que podría llamarse cultura de los bastones, cuya área de expansión comprende Río Muni, sur del Camerún y norte de Gabón. Los bastones, realizados cuidadosamente con ramitas, son utilizados para pescar termitas. De la misma manera, la famosa etóloga Jane Goodall (1986) observó que los Pan troglodytum schweinfurthi usaban los bastones para el mismo fin que los anteriores, añadiendo, como característica propia, la utilización de hojas para la confección de esponjas para beber. Estos datos pueden aclarar cómo muchas de las formas de adquisición o tratamiento de los alimentos son fenómenos aprendidos, por medio de la atención y simple imitación dentro del grupo social en el que viven. Por tanto, la separación de las jóvenes crías de su ambiente social, impedirá la adquisición de esos conocimientos, imprescindibles para su supervivencia. 
                                                                
Jane Goodall conviviendo con los chimpancés

El comportamiento social de tipo humano encaja perfectamente en estas directrices, pero con importantes diferencias de grado y, como es lógico, de forma. En el género Homo, según fue evolucionando con sus diversas especies, mayor dependencia va a tener de la evolución cultural y de su transmisión. Así, el aprendizaje se iría complicando, al ser un instrumento imprescindible para la correcta transmisión de la información elaborada, que cada vez tiene un potencial de adaptabilidad y de supervivencia de mayor importancia. Estas formas de comportamiento hacen que los mecanismos habituales de actuación de la selección natural se alteren. Hay que tener en cuenta que podrían procrear, no sólo los más aptos biológicamente, sino también los que, gracias a las ventajas de la socialización y desarrollo tecnológico, tenían mucho más fácil llegar a tener descendencia con cierta independencia de sus propias limitaciones biológicas, de los factores ambientales negativos y de los problemas de la lucha cotidiana, ampliándose el margen biológico de adaptabilidad al entorno. La vida social representa una importante mejora adaptativa, pues si un individuo aislado no puede o tiene pocas posibilidades de sobrevivir, la unión de varios de ellos multiplica sus probabilidades de lograrlo, fenómeno que caracteriza plenamente a todas las especies de nuestro linaje.

Todo lo manifestado hasta ahora nos ofrece una visión general sobre la importancia que tiene la cultura en los animales sociales, pues ésta debe perdurar generacionalmente para mantener la supervivencia de la especie. Por tanto, la cultura puede definirse como todo hecho, acción o conducta que no esté determinada genéticamente, por lo que es preciso que sea creada por una sociedad con suficiente capacidad para ello. Además, deberá existir la suficiente interacción social para que facilite su origen y desarrollo, junto con la necesidad de mantenerla generacionalmente por medios conductuales, transmitiéndola en virtud de diversos procesos de aprendizaje y/o enseñanza, pues si no existiera una comunicación de la misma a los descendientes, tal forma cultural se perdería. Como puede verse, los dos conceptos, cultura y sociedad, van íntimamente entrelazados, pues para la existencia de uno de ellos es imprescindible la existencia y el apoyo del otro. 

II. - Desarrollo cultural

En general, cierto carácter cultural siempre está presente en todos los mamíferos, aumentando en complejidad entre los primates. En los estudios sobre las formas culturales de los primates se observaron diversos fenómenos que tenían una gran similitud con ciertas propiedades humanas, sorprendiendo que pudieran desarrollarlas en mayor o menor grado. Se ha comprobado que en su medio natural tienen una gran complejidad social, formando sociedades muy jerarquizadas, parecidas a nuestras sociedades en cierta forma (Sabater Pi 1978; Goodall 1986). Diversos experimentos facilitaron la compresión que los primates poseían mayores habilidades cognitivas de lo que se pensaba en un principio, pues en laboratorio o en un ambiente rico en estímulos abstractos eran capaces de aumentar su desarrollo cognitivo, presentando cierta capacidad reflexiva ante la existencia de un plan previo a la acción (Rensch, 1983). Claramente tienen mayor capacidad cognitiva que la necesaria para sobrevivir en su medio natural.

El aprendizaje de los chimpancés se basa en el desarrollo de modelos de imitación, pues hay una completa ausencia de enseñanza por parte de la madre y demás elementos sociales hacia las crías (Tomasello, 1990). Es un fenómeno social en el que los jóvenes chimpancés adquieren las características formas de su comportamiento. En este sentido, podemos decir que su cultura es diferente a la de los humanos, pues está basada en el simple hecho de que cada generación pugna para alcanzar el mismo nivel de habilidad de sus progenitores, sin intentar llegar más lejos a pesar de tener ciertas capacidades cognitivas que podrían desarrollar conductas más productivas. Hemos visto cómo son capaces de desarrollar una vida social intensa, tener un lenguaje comunicativo y voluntario, aunque con un nivel de abstracción muy bajo. Sin embargo, en ambientes humanos, es decir, rico en estímulos y elementos simbólicos, su desarrollo cognitivo es mayor, lo que indica que poseen una capacidad superior a la que precisan para sobrevivir en su medio natural, que con unos estímulos adecuados pueden desarrollar, hasta el límite impuesto por su propia fisiología neurológica, capacidades que no utilizan habitualmente.

Existen muchas similitudes psicobiológicas entre todos los primates. Sin duda, el pertenecer a la misma rama evolutiva y tener ancestros comunes, es más que suficiente para justificar este hecho. Esta tradición social, existente entre los grupos de primates, es la que debió ser la base sobre la que edificaron nuestros ancestros, en el inicio de nuestro linaje, las pautas del comportamiento humano.

Los primeros procesos culturales propios del ser humano tuvieron que desarrollarse en una etapa temprana de su evolución. El compartir los alimentos entre los padres, cuidadores y crías, junto con una forma social que permitiera su desarrollo por medio de una protección adecuada, son los pilares del inicio de formas de comportamiento humano que, según datos arqueológicos, ya se ven en una etapa temprana de la evolución humana, concretamente con la aparición y desarrollo del Homo habilis hace más de 2 millones de años (Domínguez-Rodrigo, 1994). Estas formas conductuales, nacidas dentro de grupos homínidos estrechamente relacionados, son las que van a caracterizar a todo nuestro linaje. Por tanto, existe una gran tradición filogenética respecto a establecer jerarquías sociales, iniciar y mantener relaciones entre los elementos de un grupo y entre varias agrupaciones diferentes, así como desarrollar formas especiales de convivencia, que van a dar lugar a características formas de vida eminentemente sociales. Cada grupo social ha desarrollado los procesos culturales necesarios para sobrevivir en su medio ambiente, naturalmente este desarrollo cultural no tiene por que ser el mismo entre todos los diferentes grupos que componen la especie, aunque sí muy similar, pues todos los miembros de esa especie tendrían una estructura y capacidad cognitiva parecida. Pero siempre hay que tener en cuenta que la presión medioambiental (física, social y cultural) es la que propicia la puesta en marcha de la motivación o el interés suficiente para intentar solucionar los problemas que plantea, por medio del desarrollo práctico de las capacidades cognitivas originadas por la evolución.

III. - Aprendizaje

Para el mantenimiento de los factores culturales y sociales es fundamental que existan formas de transmisión cultural a las nuevas generaciones, pues si ésta no es la adecuada se pierde toda o parte de la información que la sociedad ha ido acumulando. Algunos autores opinan que la conducta puramente instintiva no existe y que toda cultura necesita de alguna forma de aprendizaje (Schneirla, 1953). Desde luego, en la vida de todo ser vivo siempre hay elementos que deben de ser aprendidos para una mejor supervivencia, ya sea por el método de ensayo y error, la simple imitación de sus mayores o la propia enseñanza intencionada (Bonner, 1982). Parece lógico pensar que la utilización de tales procedimientos es necesaria para una mejor garantía de la persistencia del grupo social o del propio individuo, al poder modificar su conducta en función de la experiencia propia y en la asimilación de la efectuada por sus mayores.

Entre los primates más cercanos a nosotros las formas de ensayo y error e imitación son las maneras más usadas para la adquisición de las enseñanzas del grupo social en el que viven, consiguiendo sólo igualar las formas conductuales del grupo (Tomasello, 1990). Para el origen de una enseñanza intencionada parece ser necesario la utilización de un lenguaje con cierta complejidad en la adquisición y uso de las abstracciones, así como de un desarrollo cognitivo importante, que aparentemente sólo está presente en las poblaciones humanas modernas. Con esta forma de enseñanza es posible que los jóvenes alcancen pronto los niveles culturales medios del grupo, facilitando su vida y la transmisión cultural. En el desarrollo cultural propio de la especie humana, hasta que no aparece un lenguaje abstracto y no se desarrollan sus facultades cognitivas, las formas de enseñanza continuaban por los mismos derroteros que los utilizados por sus ancestros filogenéticos, es decir, utilizando el método de la imitación controlada por el ensayo y error. Por tanto, para una enseñanza intencionada es necesario el uso del lenguaje abstracto y el desarrollo cognitivo que conlleva (desde luego la existencia de una teoría de la mente y, muy posiblemente, cierto desarrollo de una conciencia reflexiva), lo que se comienza a entrever muy tímidamente al final del Paleolítico medio europeo, con mayor claridad en el Middle Stone Age (MSA) africano, y con total nitidez en todas las áreas geográficas en las que existan culturas propias del Paleolítico superior.

El medio más importante de enseñar una cultura es a través del lenguaje, pues en sus propias características semánticas lleva implícito mucha de la información sobre el medio ambiente que se quiere transmitir. El niño, al aprender su lengua materna, parece que lo hace sin aparente esfuerzo y, en cierto modo es así, pues lo que en gran parte realiza corresponde con una estructuración neurológica basada en la asimilación de conceptos abstractos, sobre los que cimentará el resto de la información que irá recibiendo a lo largo de su vida, es decir, desarrollará las capacidades cognitivas emergentes o exaptativas. Por este camino se dirigen diversos psicólogos (Bruner, 1984, 1988; Belinchón et al. 1992; Miller, 1985; Vygotsky, 1920), y como parece estar indicada en la manifestación (Marina, 1998): 

El camino del desarrollo infantil no es la socialización que se va introduciendo poco a poco desde fuera, sino la progresiva individualización que se produce sobre la base de su esencia social. La palabra, signo para la comunicación entre los seres humanos, se convierte en signo para la comunicación con uno mismo. 
   
Esto, sólo puede realizarlo en función de la gran inmadurez neurológica que presenta, el largo período de aprendizaje que tiene y la existencia de un medio social que le va a inculcar, aunque sea sólo por imitación, la actitud, motivación y necesidad de aprender el medio de comunicación que se le ofrece. De esta forma, y sin que exista una intencionalidad en la enseñanza del lenguaje, el niño puede asumir los conceptos abstractos elaborados por sus coetáneos y ancestros adultos, aunque siempre si se realiza. dentro del período crítico de su desarrollo.

IV. - Lenguaje y sociedad

El lenguaje es claramente un fenómeno social, pues los aspectos sociales están íntimamente ligados al origen, desarrollo, perduración y transmisión de todo tipo de comunicación simbólica. En nuestra sociedad, el niño aprende el lenguaje del medio en el cual vive gracias a la reiterada interacción que va teniendo a lo largo de su vida (padres, amigos, compañeros, maestros, medios de comunicación, etc.). La separación o aislamiento de estos medios externos de interacción social, produce un deterioro cognitivo muy importante, que puede variar en función del grado, tiempo y período de crecimiento en el cual se haya producido tal hecho. El lenguaje crea un sistema de señales adecuado a las características biológicas humanas, que posibilita la creación, transmisión y recepción de elementos conceptuales o abstractos. Sin embargo, este sistema de señales no ha existido siempre, por lo que ha tenido que ser creado a lo largo de nuestra historia evolutiva. Siempre que se relacionen personas sin ningún lenguaje común pero con la necesidad de entenderse, se produce de forma natural un lenguaje criollo o mixto, tras un período de tiempo e interrelación, con los elementos más sencillos y que mejor puedan adaptarse de las diversas lenguas (Bickerton, 1994). Esta mezcla lingüística es lo suficientemente eficaz como para entenderse, y poder satisfacer las demandas de la tarea común.

Toda creación cultural y lingüística, que se realiza en el seno de una comunidad, se produce como respuesta a la satisfacción de una determinada necesidad. La creación de los elementos sonoros, con su rica carga simbólica, precisa de unos elementos sociales y una capacidad cognitiva determinada, así como del tiempo necesario para originarlas. Esto confiere un aspecto más complejo al proceso creativo, lo que puede justificar la necesidad de llegar a altos niveles de capacidad cognitiva o neurológica, que de otra manera no serían precisos para realizar simples tareas de aprendizaje. La capacidad necesaria para crear las abstracciones más transcendentes de nuestro lenguaje (autoconciencia, tiempo y espacio) y de simbolizarlas es muy alta, por lo que para alcanzarla fue preciso un importante desarrollo neurológico que ofreciera estas capacidades cognitivas. En vista de los datos que nos aporta el registro arqueológico, parece ser que sólo a partir del desarrollo evolutivo del Homo sapiens en general, es cuando empezamos a ver rastros de los conceptos de la autoconciencia, del tiempo y del espacio como entidades abstractas bien desarrolladas. Lo que en nuestra sociedad la posesión de tal capacidad es un hecho obvio, no lo fue a lo largo del largo proceso evolutivo del género Homo.

De forma paralela a la creación de un lenguaje, es preciso que existan diversos aspectos sociales para asegurar su desarrollo y mantenimiento. Primero, la existencia de uno de los factores emocionales que más nos interesa en estos momentos, como es la motivación o interés por realizar alguna función, lo que puede verse fácilmente en la necesidad de favorecer la comunicación, con el consecuente desarrollo del lenguaje (p. e. los lenguajes criollos), tanto intra como intergrupal. Segundo, todos los procesos anteriores sólo pueden desarrollarse en el seno de una sociedad estable. Estable en el sentido de poder asegurar la continuidad cultural a lo largo de sus generaciones, pues en poblaciones pequeñas, más o menos aisladas como las propias del Paleolítico inferior y medio, la continuidad del proceso no estaría asegurada. Tercero, la relación con otras poblaciones para crear la necesidad de avanzar en el desarrollo de la comunicación a través del lenguaje, así como del intercambio de nuevas abstracciones lingüísticas. Los tres aspectos deben darse a la vez, siendo éstos el verdadero motor de los cambios conductuales que se producen en las sociedades humanas, perdurando gracias a la estabilidad y desarrollo demográficos.


V. - Conclusión

Vemos como la evolución biológica no es paralela al desarrollo cognitivo, pues este último depende de los factores sociales, culturales y lingüísticos para que se produzcan los avances culturales, lo que precisa un tiempo y unas condiciones socioculturales determinadas. Solo se produce en comunidades estables que puedan crear y trasmitir a sus descendientes tales avances. Para ello, es necesario un crecimiento demográfico mínimo que asegure su expansión, y la motivación suficiente que facilite el interés por su desarrollo. Su producción no puede ser igual en todos los momentos y lugares ofreciendo el aspecto de mosaico cultural tan característico de las sociedades humanas en todos las épocas y áreas geográficas.

* BELINCHÓN, M.; IGOA, J. M. y RIVIÉRE, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* BICKERTON, D. (1994): Lenguaje y especie. Alianza. Madrid.
* BONNER, J. (1982): La evolución de la cultura en los animales. Alianza. Madrid.
* BRUNER, J. (1984): Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza. Madrid.
* BRUNER, J. (1988): Desarrollo cognitivo y educación. Morata. Madrid.
* DOMÍNGUEZ-ROCRIGO, M. (1994): El origen del comportamiento humano. Librería Tipo. Madrid.
* GOODALL, J. (1986): En la senda del hombre. Vida y costumbres de los chimpancés. Salvat. Barcelona.
* MARINA, J. A. (1998): La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama. Barcelona.
* MILLER, G. A. (1985): Lenguaje y Habla. Alianza. Madrid.
* RENSCH, B. (1983): Homo sapiens. De animal a semidiós. Alianza. Madrid.
* SABATER PI, J. (1978): El chimpancé y los orígenes de la cultura. Anthropos. Barcelona.
* SCHNEIRLA, T. C. (1953): Modifiability in insect behavior. En Insect Physiology, ed. K.D. Roeder, 723-747. New York: John Wiley and Sons.
* TOMASELLO, M. (1990): Cultural trasmission in the tool use and communicatory signaling of chimpanzees?. En Language and intelligence in monkeys and apes. Parker, S. T. and Gibson, K. T. (Eds.). Cambridge, University Press.
 *VYGOTSKY, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.

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