jueves, 27 de diciembre de 2012

Lenguaje humano


Todos los que estudian la conducta humana están de acuerdo en la importancia que tienen el lenguaje en la configuración y desarrollo de la conducta humana, pero en la forma en que se produce tal relación no hay acuerdo unánime. Además, si vamos a hablar del lenguaje es imprescindible establecer una definición que nos sirva de guía y nos centre lo que queremos analizar.

El lenguaje humano puede definirse como la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común).

I. Conceptos generales del proceso lingüístico.

De la definición anterior podemos deducir los conceptos básicos que van a caracterizar nuestra específica forma de comunicación, así como su separación de otras formas de lenguaje que existen en la naturaleza. Por tanto podemos distinguir los siguientes aspectos.

- Mecanismos Psicobiológicos (neurológicos y psicológicos). La propia voluntariedad e intencionalidad en la realización de tal proceso lingüístico. Naturalmente, para su producción es necesaria la existencia de un interés o motivación para realizar tal acto de comunicación, lo que implica la existencia de alguna forma de autoconciencia (proceso psicológico limitado exclusivamente a nuestra especie, aunque diversos autores opinan que su total ausencia no está tan clara en los primates cercanos a nosotros en la escala evolutiva).

- Mundo social. Tener algo que comunicar, ya sea un sentimiento específico, una idea del momento o un pensamiento más elaborado. Este proceso sólo puede darse en un ambiente en el que convivan al menos dos personas, es decir, es imprescindible la existencia de un ambiente social básico que permita su motivación, manifestación y desarrollo.

- Conducta. Interferir en la conciencia o atención del oyente, del que se supone que puede entendernos por ser semejante a nosotros, con el fin de crear una relación social que facilitase la simple comunicación de ideas, la intencionalidad de influir en el pensamiento de los otros, o la realización de una acción conjunta con los miembros de la sociedad.

- Biología evolutiva. La evolución con sus modificaciones anatómicas ha producido los cambios necesarios (somáticos, neurológicos y psicológicos) para que el proceso anterior pueda desarrollarse.

II. Funciones del lenguaje.

Se pueden deducir tres funciones fundamentales que van a caracterizar su importancia en la conducta humana.

* Función comunicativa (formas de expresión). Corresponde al sistema de representación formado por signos (articulados y socialmente consensuados), que estarían organizados por medio de unos elementos formales de combinación (gramática). Permite compartir la experiencia personal, la acumulada por la especie y la expresión emocional. Por tanto, su uso facilitaría un mejor y permanente conocimiento de la realidad. Su estudio entra en el terreno de la Lingüística. Sin embargo, las estructuras anatómicas y fisiológicas que participan en la producción y comprensión de estos signos, serán estudiadas por las disciplinas biológicas que analizan la anatomía y fisiología humana.

* Función social (comunicación externa). Forma una conducta voluntaria que regula la acción conjunta de los componentes de una comunidad. Facilita la interacción social, al desarrollar las conductas personales y sociales. Relaciona la conversación con la conducta simultánea o posterior a la misma, donde pueden valorarse los antecedentes, posibles respuestas y consecuencias de tal acción. Destaca la voluntariedad e intencionalidad en la realización de tal proceso lingüístico, donde entraría en juego el concepto de teoría de la mente. Entra en los cometidos doctrinales de la Sociología y Psicología.

* Función cognitiva (comunicación interna). Sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc. Su estudio estaría a cargo de la Neurología y Psicología (Psicobiología).

De las tres funciones, la tercera es sin duda la menos conocida y, sin embargo, puede ser la que más ha colaborado en el desarrollo de nuestra cultura simbólica. Para una mejor explicación sobre la trascendencia de esta relación podemos establecer, de una forma puramente teórica y explicativa, dos formas genéricas de pensamiento.

- Primera. Correspondería a la existencia de un pensamiento sin lenguaje, donde sólo existieran representaciones sensoriales, tales como imágenes o recuerdos de los diversos sentidos. Es como si nos viéramos realizando la acción que queremos imaginar. Fácilmente nos damos cuenta de la dificultad que se nos presenta en el momento de idear la representación de hechos abstractos (datos técnicos, fechas, cifras, sentimientos acciones articuladas en tiempo y espacio, etc.). La acción mental transcurre lentamente y a veces no llega al fin deseado, siendo además su transmisión a otros muy difícil de realizar, al carecer de un sistema simbólico de comunicación. Sin duda puede existir un pensamiento sin lenguaje, pero limitado en su funcionalidad a los conocimientos adquiridos por la propia experiencia y por otros medios no lingüísticos. La realidad es que la ausencia de un lenguaje limitaría enormemente la transmisión de cualquier idea, siendo imposible en muchos casos. No obstante, existen testimonios de personas, con renombrada inteligencia, sobre la producción de su pensamiento, indicando que muchas veces funciona mejor si se realiza por medio de imágenes de este tipo, tal fue el caso de Albert Einstein. No es posible dudar de su testimonio, pero seguro que sólo podría comunicar las conclusiones a las que llegara por medio de un lenguaje conocido por sus oyentes. Además, este proceso puede realizarse gracias a que, con anterioridad (toda su infancia y juventud), su pensamiento se hizo abstracto en función de su aprendizaje humano y académico fundamentalmente lingüístico (sonoro, visual y escrito).

- Segunda. En la segunda utilizaremos tanto al lenguaje como al pensamiento. El tipo de lenguaje que puede utilizar el pensamiento, es el mismo que usamos normalmente con las mismas directrices léxico / gramaticales, aunque con pequeñas variaciones que lo caracterizan como un lenguaje interno. Es como si habláramos con nosotros mismos, consiguiendo adquirir nuevas funciones psicológicas que antes eran externas. Efectivamente, el lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920). Igualmente, la transmisión de pensamientos abstractos es muy fácil, al usar el simbolismo que el lenguaje nos permite. Como es lógico, la forma usada normalmente por nuestra especie es la segunda, aunque con cierto esfuerzo y en determinados contextos, también puede utilizar la primera.

La utilización del lenguaje por parte del pensamiento conlleva la limitación de las características del mismo, si éste es muy limitado en concepciones abstractas, el pensamiento tendría igualmente cierta limitación en el uso de tales conceptos abstractos no aprendidos. El lenguaje es el medio por el cual aprendemos todos los conceptos abstractos (conceptos sobre la individualidad, el tiempo, el espacio, la negación, religión, arte, etc.) que nuestra sociedad haya podido ir creando a lo largo de su desarrollo. No podemos esperar que cada niño, en su crecimiento y desarrollo particular, deba ir creando todas las abstracciones que la sociedad ha originado a lo largo de su largo periplo cultural. El lenguaje es el medio por el cual el niño, de una manera rápida, guiada y ordenada, adquiere ese conjunto de abstracciones fundamentales en nuestro medio social. Igualmente, dotamos a nuestro pensamiento de una herramienta fundamental para poder desarrollar las capacidades cognitivas que nos caracterizan (lenguaje interno). El niño, al ir asimilando las abstracciones que aprende por medio del lenguaje que escucha de la sociedad en la que vive, dentro de su periodo crítico de maduración neurológica, organiza su sistema nervioso en función de las cualidades que tales abstracciones le ofrecen (Belinchón et al. 1992; Vygotsky, 1920).

III. Conducta, pensamiento y lenguaje.

Se admite una relación entre laconducta humana (del pasado y presente), el lenguaje de sus creadores y elpensamiento que pudieron tener. Sin embargo, la relación que estos tres procesos tienen entre sí, y de todos ellos con la evolución cognitiva y conductual, no está bien definida, pues estos se originan y evolucionan dentro de una estrecha interrelación. De tal manera están relacionados, que el conocimiento de uno de ellos (conducta apreciada en los yacimientos arqueológicos del pasado) tiene que corresponderse con una determinada forma de pensamiento y de su correspondiente simbolización social (sonora, gesticular, gráfica o mixta).

El lenguaje siempre se ha considerado como una propiedad humana de características innatas y exclusivas de los seres humanos. Este concepto nace de la simple observación, pues ningún otro animal es capaz de producir los sonidos del lenguaje con las características de intencionalidad y comunicación social de lo que pensamos. La idea de innatismo se refuerza con el hecho de que aparentemente todos los niños comenzaran a hablar desde muy temprana edad, sin que se aprecie un claro proceso de enseñanza intencionada por parte de algún adulto. Parece que genéticamente estamos programados para hablar, usando una determinada lengua. Sin embargo, la falta de unas condiciones sociales con un mínimo de cualidades específicas para su desarrollo, la aparición del lenguaje, su riqueza de expresión y la normalidad cognitiva de los niños, estarían muy limitadas. El ambiente en el que viven los niños pequeños tiene una vital importancia para el desarrollo de un lenguaje, de sus facultades mentales, de la estabilidad emocional y, por tanto, de su supervivencia.

Estas ideas nos indican la necesidad de considerar a las capacidades cognitivas como posibilidades a desarrollar, siendo la conducta observada el resultado del desarrollo de dichas capacidades. No obstante, el estudio del lenguaje en el pasado (Paleolítico) no se suele analizar por las correspondientes conductas sociales y personales que es capaz de generar, sino por la capacidad de articulación sonora que los homínidos de nuestro linaje son capaces de producir. Pero esta capacidad sonora, por sí sola, no indica nada sobre su desarrollo como medio de simbolización del pensamiento, que es la causa primaria de toda conducta.

El lenguaje es tan importante para los seres humanos que sin él no hubieran podido producirse las numerosas culturas que han jalonado nuestra historia. Pero su importancia no radica sólo en la expresión sonora de lo que pensamos, sino que su función social (siempre se habla entre varios) y del desarrollo cognitivo (emocional y racional) que es capaz de producir, pues son tan fundamentales como la comunicación. No obstante, estas características cognitivas del lenguaje no siempre se han conocido ni tenido en cuenta en la explicación de los hechos humanos. Como puede apreciarse, existe una intensa e interesante relación entre el pensamiento (capacidades cognitivas), el lenguaje y la conducta humana. Tal relación queda reflejada en las características de nuestro pensamiento, pues como ya se cuando pensamos es como si habláramos con nosotros mismos (lenguaje interno). El pensamiento de beneficia de la fluidez y ordenamiento del lenguaje, aunque tales características no dejan de ser, a su vez, consecuencias de las capacidades cognitivas (abstracción, simbolización, etc.) del pensamiento.


La utilización del lenguaje por parte del pensamiento conlleva la limitación de las características del mismo, si éste es muy limitado en concepciones abstractas, el pensamiento tendría igualmente cierta limitación en el uso de tales conceptos abstractos no aprendidos. El lenguaje es el medio por el cual aprendemos todos los conceptos abstractos (conceptos sobre la individualidad, el tiempo, el espacio, la negación, religión, arte, etc.) que nuestra sociedad haya podido ir creando a lo largo de su desarrollo. El lenguaje es el medio por el cual el niño, de una manera rápida, guiada y ordenada, adquiere ese conjunto de abstracciones fundamentales en nuestro medio social. Igualmente, dotamos a nuestro pensamiento de una herramienta fundamental para poder desarrollar las capacidades cognitivas que nos caracterizan (lenguaje interno). El niño, al ir asimilando las abstracciones que aprende por medio del lenguaje que escucha de la sociedad en la que vive, dentro de su periodo crítico de maduración neurológica, organiza su sistema nervioso en función de las cualidades que tales abstracciones le ofrecen (Belinchón et al. 1992; Vygotsky, 1920). Hay que añadir que los aspectos racionales tienen un proceso emocional íntimamente ligado de ellos. Cualquier proceso cognitivo tiene asociada una correlación emocional (Ardila y Ostrosky-Solís, 2008).

Las propiedades de un lenguaje con características humanas ofrecen muchas posibilidades que van a mejorar la conducta humana. Además de la simple comunicación o intercambio de ideas posibilitan el clasificar la realidad en planos inaccesibles a la especie sin el uso de códigos apropiados; permite describir lo real y lo posible, hasta límites que no serían factibles con otros métodos de representación; y la comunicación consigo mismo, definiendo así un plano reflexivo y de autoconciencia. También ofrece la posibilidad de realizar procesos deductivos de gran alcance, que no son posibles a otras especies. Con ello se logra el desarrollo de una propiedad cognitiva propia del ser humano, como es la gran reflexividad que le caracteriza. Todas estas capacidades cognitivas pueden desarrollarse de una forma mucho más rápida y efectiva gracias a las cualidades que el lenguaje ofrece, siendo un claro ejemplo de lo que podemos denominar como desarrollo cognitivo (Belinchón et al.1992).

IV. Evolución y lenguaje.

Tradicionalmente, la relación entre lenguaje y evolución casi siempre se ha establecido en función de los cambios anatómicos. El concepto de que el lenguaje es un proceso biológico mediado por la estrecha interconexión de las características evolutivas, psicobiológicas, sociales, demográficas y ambientales en general de sus poseedores, parece que aunque se intuía tal apreciación su repercusión en los estudios prehistóricos ha sido prácticamente nula. Siempre se ha relacionado la capacidad de vocalización sonora (aparato fonador regulado por el cerebro) como la prueba real de la producción lingüística. Así, cualquier desarrollo evolutivo de cualquier componente anatómico relacionado con ese aparato fonador (boca, faringe, laringe, etc.), o de los centros neurológicos aparentemente relacionados con su control (p. e. el área de Broca), ha sido visto como un claro exponente del desarrollo lingüístico de sus poseedores. El limitado concepto de que los cambios biológicos mediados por la evolución tenían que ofrecer alguna ventaja y superar los efectos de la Selección Natural, tan usado en los medios paleontológicos y arqueológicos, llevaba inexorablemente a tal conclusión.

En este sentido, se comparó la anatomía fonadora humana con la del resto de los primates conocidos. La diferencia fue evidente, aunque se concluyó que se podía aceptar un cierto lenguaje en los monos, aunque con una gran limitación en su articulación sonora, con lo que la capacidad de articular sonidos para formar las palabras quedarían como una propiedad humana que le distinguiría del resto de los animales. Naturalmente, hay que destacar la diferencia cognitiva que nos separa.

Tan centrados estábamos en la aparente marcha ascendente de la evolución que no se ha tenido en cuenta un hecho muy importante (lo pasamos por alto, o lo ignoramos por molesto). En la naturaleza encontramos una larga serie de aves (loros, papagayos, periquitos, etc.) que pueden articular perfectamente los mismos sonidos que tan ufanamente nos atribuimos en exclusividad. Estas aves pueden emitir sonidos que son fácilmente confundidos con los producidos por los humanos. Seguro que muchos habrán encontrado rápidamente la enorme diferencia que nos separa de este conjunto de aves tan particulares. Tampoco pueden pensar, limitándose sus actuaciones sonoras a la simple repetición de unos sonidos que han aprendido con anterioridad.


Ante estos hechos nos podemos preguntar: ¿Con qué finalidad la evolución creó esta alta capacidad de articulación sonora a estos animales, si no les suponía ninguna ventaja selectiva? La primera conclusión que sacamos es que el proceso biológico que denominamos como evolución es mucho más complejo que la simple idea del cambio evolutivo por mutaciones genéticas y su posterior paso a la Selección Natural. Estos datos pueden ampliarse en la entrada de este blog de evolución ycapacidades cognitivasLa segunda es que no es lo mismo capacidad de realizar una determinada conducta que su propia realización. Las capacidades evolutivas deben entenderse como posibilidades que tienen que realizarse dependiendo de las características del medio ambiente en el que nacen, crecen y procrean. El ser humano puede hablar (tiene esa capacidad), pero sólo puede realizar o desarrollar si crece en un medio social que posea ya este desarrollo lingüístico. Tal conclusión se conoce como el período crítico de adquisición del lenguaje.

Por tanto, no deja de ser curioso que en la naturaleza existen animales (p. e. Los primates) que tienen una importante limitación para articular sonidos, y sin embargo tienen un lenguaje con cierta complejidad (intencionado para transmitir lo que piensan, socialmente comprendido y con consecuencias en su conducta), mientras otros (estas aves), que sí pueden articular fácilmente sonidos, carecen de un lenguaje de estas características.

¿Dónde se encuentra la clave de la diferencia del lenguaje humano con el resto de los seres vivos? Parece ser que la capacidad de articular sonidos no constituye la diferencia que mayor importancia pueda tener. Existe un numeroso grupo de seres humanos que no puede articular palabras por ser mudos, es decir, sordos que no han aprendido a articular los sonidos del lenguaje, pero que tienen un lenguaje de signos que hace el mismo papel que pueda tener el lenguaje sonoro. Si la clave no radica en el medio empleado para transmitir lo que pensamos, la gran diferencia debe centrarse precisamente en la cualidad de lo que queremos transmitir y la capacidad de entenderlo, es decir, en las características de nuestro pensamiento.

Así, en función de las particularidades que haya alcanzado nuestro pensamiento, así de complejo será el lenguaje que tengamos. En este sentido, el lenguaje admite amplios márgenes, pues varía desde ser una simple exposición simbolizada por medio de sonidos y/o gestos de nuestros pensamientos, hasta alcanzar niveles propios de las sociedades modernas. Lo que ocurre cuando es capaz de tener, en su desarrollo cotidiano, las abstracciones que más nos caracterizan: el simbolismo de nuestra identidad personal y social, correctamente ubicados en las coordenadas del tiempo y del espacio, y de todas las posibilidades de conducta simbólica que de ellos se derivan.

Con estas ideas, el aspecto lingüístico del lenguaje (articulación sonora y/o gestual) es simplemente el aprovechamiento de unas cualidades evolutivas para lograr un fin de mayor trascendencia, la comunicación de nuestros pensamientos al resto de la sociedad (emisión y comprensión). El rastreo evolutivo del lenguaje en nuestro linaje se ha desarrollado por medio de la Paleoantropología, donde inexorablemente los factores anatómicos han sido prácticamente su única vía de acción, como parece natural teniendo en cuenta las características metodológicas de tal disciplina. El testimonio paleontológico es el único sobre la realidad de los cambios anatómicos en el curso de la evolución, pero actualmente no es capaz de indicar con claridad los caminos seguidos en tal complejo proceso y de tan larga duración. Respecto de la evolución lingüística siempre se han tenido en cuenta los desarrollos evolutivos del aparato fonador. En este sentido, destacan el descenso de la laringe (Laitman, 1983), la angulación de la base del cráneo (Lieberman, Pearson y Mowbray, 2000), el grosor de los nervios Hipoglosos (Kay et al. 1998) o el desarrollo del canal medular (Wynn, 1998). Sin embargo, todos estos datos sólo indican la posibilidad de emitir una gran variedad de sonidos (propios de los seres humanos), pero no de su uso como un lenguaje simbólico (Rivera, 1998, 2002, 2005). También ofrecen datos sobre la evolución anatómica del cerebro, destacando las áreas de Broca y Wernicke con una relación lingüística clara. En general, la confirmación de todos estos datos paleontológicos sobre un uso lingüístico sólo es indirecta, y siempre dentro de la interpretación que ofrece el darwinismo tradicional, es decir, si hubo una evolución neurológica y del aparato fonador alguna ventaja selectiva tendrían para ser seleccionados positivamente.

Si el lenguaje está íntimamente relacionado con la conducta (constituyendo una de sus manifestaciones más importantes), su rastreo evolutivo debería haber interesado a las ciencias que estudian los procesos conductuales humanos, actuales (Neurología, Psicología, Sociología y Biología evolutiva) y del pasado (Prehistoria y Arqueología), lo que evidentemente sólo se ha realizado de una forma muy limitada y poco considerada por los medios académicos tradicionales. La acción interdisciplinaria del estudio de la conducta humana se hace fundamental para entender la compleja psicobiología que rige la conducta de los seres humanos del pasado y del presente.

Conclusión. 

El lenguaje es un proceso muy complejo, pero fundamental en el origen y desarrollo de la conducta humana. En la revista Ludus Vitalis he publicado un trabajo que ordena y amplia todo lo expuesto es este post. Su acceso es libre (PDF) por lo que a los interesados les dejo le dirección:  Origen dellenguaje un enfoque multidisciplinar

* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* Kay, R. F.; Cartmill, M. y Balow, M. (1998): “The hypoglossal canal and the origin of human vocal behavior”. Proceedings of the National Academy of Sciences USA, 95.5417-19.
* Laitman J. (1983): “The evolution of the hominid upper repiratory system and implications for the origins of speech. Glossogenetics: The Origin and Evolution of Language”. Proceedings of the International Transdisciplinary Symposium on Glossogenetics. Eric de Grolier (ed.), 63-90. Paris. Harwood Academic Publishers.
* Lieberman, D. E.; Pearson, O. M. y Mowbray, K. M. (2000): “Basicraneal influence on overall cranial shape”. Journal of Human Evolution 38: 291-315.
* Luria, A. R. (1979): Conciencia y lenguaje. Pablo del Río. Madrid.
* Mercier , N. (2001): Palabras y mentes. Paidós. Barcelona.
* Rivera, A. (1998): “Arqueología del lenguaje en el proceso evolutivo del Género Homo”. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I, Prehistoria y Arqueología 11. Madrid. UNED.
* Rivera, A. (2004): “Arqueología cognitiva. Una orientación psicobiológica”. ArqueoWeb 6 (1). Universidad Complutense de Madrid.
* Rivera, A. (2005): Arqueología cognitiva. El origen del simbolismo humano. Madrid. Arcos/Libros
* Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica. 1979. Barcelona.
* Wynn, T. (1998): “Did Homo Erectus Speak?”. Cambridge Archaeological Journal, 8:1.

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