miércoles, 9 de septiembre de 2015

La función cognitiva del lenguaje

Ya he hablado sobre las diversas funciones que el lenguaje tienen en los seres humanos (El lenguaje humano), pero ahora quiero analizar con mayor profundidad una de ellas, posiblemente la menos conocida, pero desde luego tan importante o más que las otras. Me refiero a la función cognitiva que el lenguaje facilita en nuestros cerebros. 


En principio, tras ver las características comunicativas y sociales, parece que se acaban las principales funciones que en un análisis rápido podrían deducirse del lenguaje, pero la realidad es que su papel en el funcionamiento cerebral es fundamental para la conducta que nos caracteriza. Se puede establecer que la adquisición de un lenguaje desde pequeño (antes del periodo crítico, pues después sus efectos están muy limitados) va a producir una estructuración funcional del cerebro, logrando la creación, potenciación o desarrollo de las capacidades cognitivas humanas (emergencias cognitivas). Es decir, va a organizar funcionalmente las estructuras neurológicas heredadas, pero con las características y formas que dependen de las propiedades del lenguaje aprendido.

Este proceso de organización neurológica de base lingüística (diferente del realizado por el adulto en el estudio de otra lengua) va a estructurar al pensamiento de una forma específica que denominaremos pensamiento lingüístico o racional. Su desarrollo se realiza y materializa cognitivamente por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado y el lenguaje intelectualizado. De esta organización y estructuración funcional que se produce desde el mismo momento del nacimiento hay que destacar las siguientes funciones cognitivas:

- Desplazamiento cognitivo en el tiempo y el espacio.
- Creación del pensamiento racional abstracto.
- Base de la memoria autobiográfica. Inicio de la conciencia reflexiva. Autoconciencia.
- Aumento de la capacidad del aprendizaje de tipo humano moderno con la enseñanza intencionada.

Todas ellas se producen mediante el desarrollo sociocultural del medio en el que se nace (desarrollo social, político, religioso, tecnológico, artístico, etc.), al ser simbolizadas por medio del lenguaje en abstracciones sonoras o gesticulares, y aprendidas desde que nacemos. Nuestro cerebro se torna lingüístico y autoconsciente (racional y emocional), lo que serían en última instancia los mecanismos responsables de nuestra conducta.

I.- Comunicación interna (cerebro lingüístico). El pensamiento es la actividad cerebral en el plano psicológico, siendo el resultado de procesar la información que nos llega del exterior y el uso de la almacenada en la memoria (ya sea en forma de imágenes compuestas, experiencias sensoriales simples o elaboradas, y/o simbolizadas por el lenguaje), de forma que se puedan elaborar conductas adecuadas. Para tal fin el cerebro utiliza todas las capacidades cognitivas que posea (memoria, abstracción, simbolización, funciones ejecutivas, etc.), las cuales se potenciaran y organizaran por medio del lenguaje.
El cerebro al nacer solo contiene un protomapa de organización funcional poco definido sobre el futuro funcionamiento neurológico, su inmadurez permite que puedan estructurarse en redes neuronales efectivas en función de la información que les llega de fuera (Rakic, 1995). El aprendizaje del lenguaje en nuestros primeros años de vida es el resultado de una interacción cognitiva entre el lenguaje que constantemente estamos escuchando y el pensamiento no verbal que posee el niño, aunque éste estaría muy limitado por la pequeña cantidad de recuerdos que procesar y su limitado desarrollo cognitivo. Según va aprendiendo el niño el lenguaje su pensamiento se va haciendo lingüístico, es decir, cada vez utiliza más un pensamiento lingüístico para realizar sus acciones, recordar, planificar, imaginar, etc. Así, hasta llegar a pensar constantemente como si estuviera hablando consigo mismo, ha desarrollado un lenguaje interno. Este lenguaje es el mismo que usamos normalmente con las mismas directrices léxico / gramaticales, aunque con pequeñas variaciones.

Efectivamente, el lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Damasio, 2010; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920).

A través del lenguaje se aprende rápidamente el desplazamiento cognitivo (en el tiempo y en el espacio), así como el desarrollo de la abstracción y del simbolismo, pues con él se produce la transmisión de pensamientos abstractos simbolizados por los mecanismos sonoros o los gestos del lenguaje oral o de gestos.

II.- Inicio de la conciencia reflexiva. Autoconciencia. La relación del lenguaje con la conciencia reflexiva o autoconciencia parece ser un hecho ampliamente demostrado, o por lo menos todo lo demostrado que estos procesos cognitivos nos permiten. Tal aseveración estaría fundamentada en varios hechos neurológicos bien documentados.

- Cerebro dividido. Por motivos de problemas neurológicos (formas de epilepsia global refractaria al tratamiento) se realizaron desde mediados del siglo pasado diversas operaciones en las que se separaban los dos hemisferios cerebrales cortando el cuerpo calloso (enorme haz de fibras nerviosas que los conecta). Los resultados fueron mucho más que curiosos y no precisamente por la mejoría en algunos pacientes de su epilepsia. Las acciones del cerebro dividido pueden ayudarnos a comprender la realidad del nuestro funcionamiento cerebral, aunque para ello es necesario tener una mente abierta a realidades contrastadas con la ciencia pero no asumidas interdisciplinariamente por todos los científicos que estudian la conducta como el resultado de la activación cerebral en todos sus facetas (racionales y emocionales).

Cuerpo calloso
Conocemos que cada hemisferio cerebral recibe información (somatosensorial, motora, visual y auditiva) de la mitad opuesta del cuerpo, aunque la visual y auditiva tiene algunas diferencias con el restos de las sensaciones. Cuando se realiza un corte del cuerpo calloso las dos mitades (hemisferios) actúan como dos cerebros independientes y cada uno controla la información de la mano contralateral y gran parte del ojo homolateral. Mientras el hemisferio izquierdo, donde se asienta el lenguaje, podía comunicar lo que veía el ojo derecho, el cerebro derecho podía mover el brazo izquierdo como si viera pero no comunicarlo (Gazzaniga, 2015: 49-50). Parece como si el cerebro izquierdo con lenguaje tenía conciencia de lo que veía y así lo manifestaba (no lo comunica porque tiene lenguaje, sino que lo expresa por tener autoconciencia del hecho y poder comunicarlo). Mientras que el derecho actuaba como si lo viera (movía el brazo izquierdo y lo señalaba) pero no era autoconsciente de tal hecho. Podría ser una comprobación de la relación de necesidad que existe entre el desarrollo de un lenguaje y la autoconciencia humana. Así, la base neurológica de la autoconciencia sería el hemisferio con lenguaje, mientras que el inconsciente (compleja y básica actividad cerebral presente en toods los seres vivos con cerebro), de compleja localización, siempre actúa pero no se es consciente de su actividad. 

- Ubicación hemisférica del lenguaje. Un ejemplo de especialización cognitiva de áreas corticales lo tenemos en el área de Broca y de Wernicke, muy relacionados con la producción del lenguaje. La mayoría de las veces el área de Broca relacionada con el control de la articulación sonora se sitúa en el hemisferio izquierdo, pero su ubicación parece depender más a la convergencia sobre la misma de dos o más proyecciones de modalidades sensoriales diferentes (Geschwind, 1965), que a una determinación genética dominante y preestablecida desde el nacimiento. Ambas áreas de Broca (izquierda y derecha) son en equipotenciales y su especificación y desarrollo funcional se realiza en función de las aferencias que le llagan y que aún no conocemos bien. Así, se ha podido ver como en el caso de lesiones del área de Broca del hemisferio izquierdo, en las que es precisa su extirpación quirúrgica, las funciones cognitivas que debían de desarrollarse en esta zona cortical izquierda, son fácilmente desarrolladas en el área simétrica del hemisferio derecho, adquiriendo de igual forma la capacidad del lenguaje. Esto será siempre que ocurra en una edad temprana del desarrollo, sobre todo en la infancia, pues la plasticidad neural que permite este proceso va desapareciendo paulatinamente con el crecimiento del niño (Changeux, 1985; Flórez, et al 1999; Miller, 1985, Springer y Deutsch, 1994). En este sentido, parece que la simple presencia de una impronta del área Broca, sólo indicaría la creación evolutiva de una nueva área de asociación cortical, que se va a manifestar eficaz en la regulación de movimientos musculares complejos, pero que sólo va a ser efectiva si se desarrolla con un aprendizaje en un medio ambiente adecuado y dentro del período crítico (Changeux, 1985; Lenneberg, 1976; Springer y Deutsch, 1994).

En la mayoría de las personas esta activación del área de Broca relacionada con el lenguaje se produce en el hemisferio izquierdo. Así, una lesión en esta área y hemisferio produciría un trastorno del lenguaje (afasia de Broca), mientras que la misma lesión en el otro hemisferio tendría una repercusión lingüística muy pequeña o nula.

- Sin lenguaje (abstracción y simbolización del pensamiento) la autoconciencia o no existe o estaría muy alterada. Las aferencias sensoriales desde el medio ambiente externo (lenguaje) son fundamentales para la definitiva estructuración funcional del cerebro, si éstas no son las adecuadas (p. e. aislamiento sensorial y emocional, ausencia de lenguaje) se producirá igualmente una estructuración neurológica, con formas anatómicas iguales, pero con una gran diferencia respecto a la capacidad conductual de su poseedor, que en casos extremos llegaría a graves alteraciones cognitivas donde se encontraría autoconciencia (Vallejo Nágera, 1974; Curtiss, 1977; Tomasello, 2007).

- Las características neurológicas del cerebro (inmadurez y muerte neuronal desde el nacimiento, tardía mielinización, periodo crítico) y su inmadurez funcional indican la gran disposición neurológica al nacer para que su definitiva configuración dependa de los estímulos externos. En este contexto, el lenguaje implica un sistema de organización del pensamiento estructurado a la simbolización de las abstracciones que se deducen de la experiencia cotidiana: el lenguaje es una simbolización de la acción.

Conclusiones preliminares

Desde una perspectiva evolutiva (filogenia), genérica y poco precisa, y con mayor fundamento en la propia historia vital (ontogenia), se han establecido tres clases de conciencia, que según los diversos autores que la estudian pueden tener una denominación diferente, pero se refieren a procesos cognitivos muy similares.

A.- Conciencia primaria. Recibe diversos apelativos como primaria o sensorioperceptiva (Ramírez-Goicoechea, 2005: 96-107), conciencia primaria (Edelman y Tononi, 2002: 127), el proto sí mismo y sus sentimientos primordiales (Damasio, 2010: 46-47). Está presente en animales con cierto nivel de desarrollo neurológico. Se basa en las capacidades sensoriomotrices y en un aprendizaje de experiencias pasadas en relación con situaciones del presente. Se limita al apercibimiento de tener un cuerpo (propioceptivas: dolor, placer, sensaciones corporales en general, emociones básicas), y de estar en el mundo rodeados de otros iguales y distintos, que pueden representar distintas categorías de proximidad, semejanza, cooperación o peligro. Es un recuerdo inmediato del pasado, pero sin proyección ni retrospección a largo plazo. Constituye el inicio de la mente, siendo una consecuencia del común estructuralismo funcional de todos los seres vivos, pues todos estamos relacionados por la evolución y tenemos, más o menos desarrollados, los procesos neurológicos básicos (percepción) y psicológicos (sensación). No obstante, en la escala evolutiva existen notables diferencias de esta forma de conciencia, existiendo una correlación directa entre el aumento evolutivo del cerebro y la capacidad de obtención de conciencias primarias más funcionales o adaptativas, al ir aumentando su capacidad de procesamiento de la información adquirida (uso de la experiencia). Sin embargo, ante una misma percepción neurológica pueden darse diferentes sensaciones, pues la experiencia es la que en definitiva lo que más va a influir en la modelación de tales percepciones. Sin experiencia y su recuerdo (racional y emocional) no se puede comprender y utilizar lo que se percibe. No tendría ninguna relación con el lenguaje.

B.- Conciencia reflexiva, autoconciencia o metacognición. Sería aquella que tiene a la propia conciencia como objeto (conciencia de sí mismo, autoconciencia). Su existencia implica la reflexividad cognitiva (analizar algo con detenimiento) que permite pensarse a sí mismo. Implica una representación o redescripción de nuestra propia imagen y percepción de nosotros mismos. Edelman y Tononi (2002: 127) la definen como la conciencia de orden superior, propia de los seres humanos, que se suma a la anterior (conciencia primaria), estando acompañada de un sentido de la propia identidad y de la capacidad de construir escenas del pasado y futuras (autoconciencia en relación con los conceptos temporales y espaciales). Algunos autores establecen dos subtipos con un carácter muy dinámico dependiendo de las circunstancias del medio (Damasio, 2010: 30).

- El sí mismo central. La mente consciente se inicia cuando el sí mismo cobra sentido en ella, cuando los cerebros añaden, dentro de la evolución neurológica, el proceso que es el sí mismo a la mezcla que es la mente. Sería una identidad reflexiva que se ocupa de la acción dentro de los parámetros del aquí y ahora (sin desplazamiento cognitivo), ocupándose del organismo en relación con el medio pero no de su identidad. Actuaría sobre el proto sí mismo y sus sentimientos primordiales, centrándose en la acción al actuar en toda relación entre el organismo y el mundo externo. (Damasio, 2010: 48, 259), añadiendo componentes sensoriales y emocionales anteriormente aprendidos y utilizados (experiencia) que modularán la respuesta. Es una mente consciente que puede relacionarse con la teoría de la mente, facilitando el desarrollo social, cultural y tecnológico de las sociedades humanas. Podría ser el fundamento del funcionamiento cognitivo del hemisferio sin lenguaje (derecho en la mayoría de los, casos) o del inconsciente de Freud.

- El sí mismo autobiográfico que incorpora las dimensiones sociales y espirituales. Compete al pasado y al futuro anticipado. Mente consciente de producir cultura (Damasio, 2010: 48, 280). Recogería la información referente a las relaciones sociales, con todas sus características económicas, tecnológicas, simbólicas y personales del individuo y de éste con los grupos humanos. Tendría una estrecha relación con el lenguaje, pues sin él es difícil que se tenga una valoración histórica, coordinada y narrativa de nosotros mismos.
Es difícil valorar el papel de cada una de ellas en el desarrollo definitivo de la autoconciencia. En este apartado la interdisciplinariedad tiene un papel muy importante, al poder estudiar el valor que tiene la experiencia vivida en el desarrollo de estas dos subformas de conciencia. El sí mismo autobiográfico es claramente social y adquirido, pero el sí mismo central puede tener una base innata importante, aunque puede que también se magnifique cuando las características autobiográficas adquieran una relevancia adecuada.

C.- Conciencia trascendente. Son los estados de conciencia emergentes que, se experimentan de formas puntuales, propias y de causa múltiple (meditación, alta concentración, alucinaciones, ritos específicos, etc.). No se puede hablar de estados alterados de conciencia, pues condiciona a que la vigilia es el estado de la realidad, lo que no es cierto en todas las culturas (Ramírez-Goicoechea, 2005: 104). Tienen una importancia crucial en fases avanzadas de conciencia reflexiva, como pueden ser todos los relacionados con la creación del arte, magia, enterramientos y cultos religiosos del Paleolítico superior (Rivera y Menéndez, 2011). Se relaciona con el simbolismo trascendente.

Estas divisiones generales, más teóricas que reales, deben encuadrarse en el proceso evolutivo como un continuum heterogéneo en tiempo y lugar, lleno de estados intermedios de imposible cuantificación que nos impide llegar a conclusiones definitivas. Aún se desconoce muchos datos sobre la forma de evolución humana, así de cómo influye la cultura y el lenguaje sobre la manifestación fenotípica referente a la conducta. Parecida opinión indica Damasio (2010: 30) con una perspectiva evolutiva (filogenética y ontogenética) donde se produce un proto sí mismo con sentimientos primordiales o sensación de sentir las sensaciones y emociones, el sí mismo central orientado a la acción (aquí y ahora) y el autobiográfico con dimensiones sociales y espirituales. Lo que no está claro es la relación de ellos entre sí, y su progresión o mayor desarrollo en las sociedades biológicas.


Todo lo visto en el anterior apartado se logra por medio de un procesamiento computacional de la información adquirida y procesada por medio del lenguaje (interno y externo). El lenguaje es una tecnología cognitiva. El idioma es la caja de herramientas que ha desarrollado cada cultura para imaginar el mundo. En este sentido habría que admitir la hipótesis Sapir-Whorf, pues nuestro pensamiento al ser básicamente lingüístico, depende de las características de cada lenguaje. Sin embargo, hay otra serie de procesos cognitivos que también influyen en nuestro pensamiento, como son las emociones, sobre todo las primarias de carácter innato. Éstas, al crear sentimientos emocionales dan una apreciación especial y propia a las abstracciones que se asocian a tales emociones. La variedad lingüística, emocional y racional en una característica básica de nuestra propia esencia como seres humanos.




* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviére, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Madrid. Trotta.
* Changeux, J. P. (1985): El hombre neuronal. Madrid. Espasa Calpe.
* Curtiss, S. (1977): Genie: A psycholinguistic study of a modern-day wild chid. Nueva York. Academic Press.
* Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Barcelona. Destino.
* Edelman, G. M. y Tononi, G. (2002): El universo de la conciencia. Barcelona. Crítica.
 Flórez, J.; García-Porrero, J. A.; Gómez, P.; Izquierdo, J. M.; Jimeno, A. y Gómez, E. (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Santander. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria.
* Gazzaniga, M. S. (2015): Relatos desde los dos lados del cerebro. Espasa libros. Barcelona.
* Geschwind, N. (1965): “Disconnection syndromes in animal and man”. Brain, 88. 237-94.
* Lenneberg, E. H. (1976): Fundamentos biológicos del lenguaje. AU. 114. Madrid. Alianza. Luria, A. R. (1966): Higher Cortical Function in Man. New York. Basic Books.
* Luria, A. R. (1979), Conciencia y lenguaje. Madrid. Pablo del Río.
* Mercier, N. (2001): Palabras y mentes. Barcelona. Paidós.
* Miller, G. A. (1985): Lenguaje y Habla. Madrid. Alianza.
* Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”. En Origins of the human brain. Changeux, J. P. y Chavaillon J. (Eds.). Clarendon Press. Oxford.
* Ramírez-Goicoechea, E. (2005): “Orígenes complejos de la conciencia: hominización y humanización”, en L. Álvarez Munárriz (ed.), La conciencia humana: perspectiva cultural. Barcelona. Anthropos, pp: 93-135.
* Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
* Springer, S.P. y Deutsch, G. (1981): “Cerebro izquierdo, cerebro derecho”. Editorial Gedisa, Vol. 2. 1994. Barcelona.
* Tomasello, M. (2007): Los orígenes culturales de la cognición humana. Buenos Aires. Amorrortu.
* Vallejo-Nágera, J. A. (1974): Introducción a la psiquiatría. Barcelona. Científico Médica.
* Vygotsky, L. S. (1920): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona. Crítica. 

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