martes, 12 de septiembre de 2017

Evolución y Psicología humana

La forma en que se ha producido la evolución del cerebro es trascendental para la compresión de nuestro comportamiento del pasado, presente y futuro. De entre las ciencias directamente relacionadas con el estudio de la conducta la Psicología es la más implicada en su análisis. Sin embargo, como en todas las ciencias sociales, su comienzo y desarrollo se tuvo que realizar sin que existiera la más mínima indicación de cómo hacerlo. Su investigación sólo pudo comenzarse por medio de la propia introspección de los psicólogos, o de la interpretación que se ha dado de la conducta observada en los pacientes, sin poder tener una correlación neurológica que lo corroborara. Estos métodos contienen una importante subjetividad, tan clara que diversos autores opinan que la razón no es suficiente para entender nuestra realidad neurológica y psicológica, teniendo una gran capacidad de autoengañarnos sobre el funcionamiento cerebral en relación con el mundo en el que vivimos y consigo mismo, pues lo que conocemos del cerebro es sólo una pequeña parte de su compleja dimensión (Francis Harry Crick, 1987). Por tanto, la Psicología tendrá un desarrollo muy limitado hasta que se aprenda a entender el lenguaje del proceso de la información, a lo que añado la necesidad de tener un modelo de evolución neurológica que explique interdisciplinarmente los datos que la Neurología y la Psicología nos aportan.

Francis Harry Crick
* El mayor conocimiento que en la actualidad se está adquiriendo sobre los mecanismos de producción de los cambios evolutivos, como son la acción de la Embriología, los genes reguladores, el ADN basura, la Epigenética, y otros que aún solo intuimos (Evolución neurológica. Un enfoque interdisciplionario). La utilización o no tales mecanismos ofrece diferentes características psicobiológicas sobre las que van a poder desarrollarse las formas conductuales humanas.

* Las propias características de la Psicología como ciencia. Su tardía creación como ciencia moderna hace que sus pilares doctrinales básicos estén condicionados a estudios muy recientes, siendo limitada su correlación con la Neurología. Esta situación ha facilitado la perduración de diversas teorías, a veces opuestas en sus fundamentos (p.e. Psicología conductista, evolucionista y cognitiva).

El problema, dentro de la Arqueología o del estudio evolutivo de nuestra conducta, aparece el problema de qué teoría psicológica usar. Con los medios en exclusiva de la metodología psicológica es muy difícil realizar tal elección, pues no existen suficientes criterios en su disciplina que otorgue mayor credibilidad a una u otra tendencia teórica. En el inicio de la Psicología, y ante esta orfandad teórica y la necesidad de analizar la mente humana, los psicólogos han realizado una serie de conceptualizaciones (organización lógica y cognitiva basada en el conocimiento personal del problema a estudiar y, por tanto, subjetivo en algún grado) sobre las características cognitivas que observa en los seres humanos, a las que se denominan constructos. Los conceptos científicos como estrés, depresión y procesos cognitivos, así como casi todos los usados en la psicología, por ejemplo, inteligencia, frustración, inconsciente, emociones, actitudes, ego, fobias, ansiedad, motivación, aprendizaje, entre otros, no tienen una existencia concreta similar a las entidades físicas que se prestan a la observación sensible. Son conceptos que sobrepasan la observación empírica y muchas veces expresan supuestos teóricos. A tales conceptos se les llama actualmente “constructos o conceptos no observacionales” para diferenciarlos de los observacionales (Bunge, 1973). Los constructos no tienen referentes empíricos inmediatos Nadie ha visto ni ha tocado la inteligencia de alguien pero sí la puede inferir de la manera en que una persona es capaz de resolver ciertos problemas en relación con la manera en que otros los resuelven.

Por otro lado, la Neurología aún no puede ofrecer modelos ampliamente consensuados y delimitados que puedan explicar el soporte neurológico de los proceso cognitivos conocidos. En la actualidad, sólo podemos relacionar ciertas áreas corticales con diversas funciones cognitivas, pero de una forma poco exacta, pues se basan en experiencias observadas en lesiones neurológicas (traumatismos, cirugía, estimulación directa, etc.) y en las modernas pruebas funcionales de imagen neurológicas. En general se aprecia una funcionalidad global o multifocal que limitada a áreas concretas, aunque la impresión que nos ofrecen es que aún queda mucho que avanzar en este campo antes de poder relacionar procesos cognitivos funcionales con actividad neuronal precisa y concreta.

Sin embargo, algo si se ha avanzado, pues las tendencias psicológicas de mayor implantación social y académica explican la conducta humana bajo los aspectos evolutivos, cognitivos y de procesando la información externa y/o almacenada, aunque en la forma de realizarlo existan importantes discrepancias. El principal motivo de polémica se centra en el diferente protagonismo que en el desarrollo conductual tienen la herencia genética y el medio ambiente, pues mientras unos otorgan una mayor predominancia a la base genética (Psicología Evolucionista), otros opinan que en medio ambiente tiene un carácter más trascendente (Psicología cognitiva: Procesamiento de la información). Estudiaremos brevemente las dos.

A.- La Psicología evolucionista.
La Psicología evolucionista (Evolutionary Psicology) aboga por que el aprendizaje de las actividades humanas (succionar la leche materna, hablar y entender un idioma, la caza, la recolección de vegetales, situaciones sociales, etc.) no pueda realizarse por la simple experiencia, siendo precisa que haya contenidos innatos preexistentes para que tal proceso de aprendizaje pueda tener lugar.

Como puede verse se basa en procesos evolutivos, cognitivos y de procesamiento de la información adquirida por las diversas terminaciones sensitivas humanas. El uso de la evolución que propone sigue a las formas más tradicionales del darwinismo, es decir, cualquier mutación que produzca un cambio anatómico debe de ser promovido o conservado por la selección natural, al tener una mejora conductual o, por lo menos, ser en principio neutro. Así, en cada cambio anatómico o conductual siempre se buscan las ventajas que pudieron favorecer su perduración. Puede que uno de sus principales inconvenientes de esta forma de ver a la evolución es el carácter independiente de cada uno de estos cambios genéticos, ofreciendo un panorama teórico de múltiples mutaciones que no se corresponde con los datos actuales de la genética humana evolutiva.

En este contexto, plantea un modelo en el que la mente está formada por módulos que resuelven problemas particulares y que han sido conformados por la evolución, de la misma manera que los órganos y funciones fisiológicas son producto de la evolución por selección natural de los caracteres físicos hereditarios. La cognición en los animales está formada por módulos funcionales relacionados entre sí, cada uno de los cuales trata un problema de conducta determinado (inteligencia técnica, lingüística, social y de la historia natural), es decir, cada función cerebral desarrolla un instinto. El ser humano no es distinto de los demás animales y, por tanto, comparte este esquema. La naturaleza humana se ha formado por la evolución de los instintos de nuestros antepasados primates y la aparición de otros nuevos bajo la presión adaptativa del nuevo entorno en el que vivieron los seres humanos durante la mayor parte de su historia. En definitiva, desarrollan un nuevo constructo como forma de explicar la evolución de la conducta.

Este concepto modular de la mente humana ha dado lugar a mucho debate, siendo la base diferencial con otras teorías psicológicas. El autor de este concepto fue el filósofo Jerry Fodor (1986). Uno de los autores que más defiende la visión de una mente modular es Robert Kurzban (2012)  (La evolución y el cerebrofragmentado).

Tras la dificultad teórica de mantener un concepto de módulo cerebral en su concepto más elemental (áreas aisladas del cerebro con funciones determinadas), pues el desarrollo de la Neurología no favorecía tal idea, Kurzban y otros autores han redefinido el concepto neurológico y funcional del módulo. Un módulo funcional no sería una zona aislada del cerebro, sino un mecanismo neurológico de procesamiento de información que nos permite resolver un problema concreto. Se habla más de función que de estructura neurológica. Hay que evitar pensar en el módulo como algo localizado en un lugar del cerebro, es decir, un nódulo de células en una región del cerebro. Un módulo puede ser algo muy extendido por el cerebro, un circuito extenso que realice una función.

Así, el cerebro albergará mecanismos especializados en escoger pareja, en vincular mutuamente el niño a la madre (el apego) en entender las intenciones y deseos de los demás (Teoría de la mente), condenar moralmente a los otros, etc. La relación entre estos módulos es muy variable, pues hay módulos diseñados para compartir información, otros más encapsulados que no están diseñados para compartir la información; hay módulos con acceso a la conciencia y módulos sin acceso a ella, etc. El origen de todos estos módulos es evolutivo, aprovechando mutaciones que favorecían respuestas adaptativas a los problemas del medio ambiente. Se fueron formando contenidos neurológicos innatos preexistentes, que se trasmitieron a los descendientes y fueron configurando nuestra conducta, la cual, a pesar de tener un importante componente innato, siempre precisa de una experiencia que procesar. La acción de estos módulos puede considerar como de instintos.

Los instintos se manifiestan en la forma de impulsos, deseos y sentimientos. El hombre tiene una capacidad (un instinto) muy desarrollada para considerar, consciente e inconscientemente una gran variedad de impulsos y deseos y cotejarlos contra una base de experiencias anteriores para adivinar cuál de sus deseos es más factible en cada momento en función de las expectativas y cual tiene que mantener en cola de espera o bien reprimir.
En sentido coloquial se entiende como instintos una serie de "bajos" impulsos que están determinados al 100% de forma innata. El deseo de alimentarse, tener sexo etc. Bajo la Psicología evolucionista un instinto es el resultado de la actividad de un módulo funcional del cerebro que trata un determinado problema, y no hay problema que no esté tratado por uno o varios de esos módulos. Un módulo o instinto genera conductas que no son innatas en general sino que dependen del ambiente para su realización. Por tanto, instinto es lo que subyace debajo de cualquier conducta, se considere básica o elevada.

B.- Psicología cognitiva: Procesamiento de la información.
En un sentido teóricamente opuesto a la Psicología evolucionista tenemos aquellas psicologías que apoyan más a la experiencia, y poco o nada a los instintos, como principal motor de la conducta humana. Aunque todas son evolutivas, cognitivas y necesitan de un adecuado procesamiento de la información, sus formas difieren sustancialmente al explicar nuestra conducta. En un extremo se sitúa un tipo de determinismo cultural, claramente expuesto por el concepto de tabula rasa. En filosofía, tabula rasa o tabla rasa hace referencia a la tesis epistemológica de que cada individuo nace con la mente "vacía", es decir, sin cualidades innatas, de modo que todos los conocimientos y habilidades de cada ser humano son exclusivamente fruto del aprendizaje a través de sus experiencias y sus percepciones sensoriales.

La Psicología cognitiva trata de explicar la conducta humana a través del mejor conocimiento de las entidades mentales o cognoscitivas, pues son ellas las que realizan las acciones que nos caracterizan, sobre la base de la información que reciben por medio de los receptores sensoriales. Esta nueva dirección metodológica parece que presenta actualmente una importante aceptación conceptual en la explicación de los procesos conductuales (Belinchón et al. 1992).

Uno de los enfoques más aceptados de la Psicología cognitiva corresponde al denominado Procesamiento de la información, que se asocia a la concepción del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998). Conceptualmente se basa en que todo proceso mental o cognoscitivo tiene como origen la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar (Leahey, 1980). Sin embargo, esta capacidad de procesamiento de la información no es totalmente libre e independiente, pues estaría limitada por las características psicobiológicas de cada persona. Éstas, en función de su propia herencia genética, no son iguales y juegan un papel importante en el desarrollo de la conducta. La famosa “tabula rasa” en la práctica no existe pues es inviable su realización. Desde el mismo momento del nacimiento se va a producir una organización psicológica, que depende de varios factores fundamentales en la futura conducta del neonato.

- Control de la homeostasis de carácter innato y de funcionamiento inconsciente.
- El temperamento o la manera particular y natural con que un ser humano interactúa con el entorno. Es hereditario, aunque influenciable hasta cierto grado por los factores. Es la naturaleza general de la personalidad de un individuo, basada las características del tipo de sistema nervioso. Está relacionado con la influencia endocrina (que se debe a los genes, y que se manifiesta en determinados rasgos físicos y psicológicos).
- Capacidades cognitivas racionales o de control de la información que se recibe. Serían las capacidades cognitivas primarias (memoria, funciones ejecutivas, motivación, ciertos niveles de abstracción y simbolización, etc.) que la evolución haya otorgado, por medio de la herencia genética de sus padres, a ese nuevo ser.
- Con la influencia de los estímulos externos. Es la experiencia necesaria para el desarrollo cognitivo humano.
- Las emociones de un claro componente innato, pero que su desarrollo estaría muy relacionado con la evolución de las capacidades cognitivas primarias y secundarias, entre la que destaca la autoconciencia (emociones autoconscientes).

De la unión de estos procesos en el recién nacido, y dentro de una ambiente social, se irían formando una seria de capacidades cognitivas secundarias o emergentes (lenguaje, simbolismo, autoconciencia, etc.) y un determinado desarrollo de las primarias a niveles más altos. Así, después del parto se inicia un proceso de organización psicobiológica, basado en la interacción de las características psicobiológicas heredadas con el medio ambiente con el que se está inmerso continuamente. La consecuencia sería la conducta humana con las características actuales.

Breves conclusiones

La aceptación de uno u otro modelo es importante en la explicación del origen y desarrollo de la conducta humana, pues originan formas de desarrollo cultural diferentes. Mientras que la Psicología evolutiva se adapta mejor a la existencia de instintos mediante la tradicional forma gradualista del darvinismo, los psicólogos sociales apoyan más la idea del carácter emergente y cultural de muchas de las cualidades cognitivas del ser humano (Ardilla y Ostrosky-Solís, 2008; Belinchón et al. 2000).

No obstante, la definición de instinto por la Psicología evolutiva no deja de semejarse a las capacidades cognitivas básicas (posibilidad de generar una determinada conducta en un medio adecuado) que exponen la psicología cognitiva social, y que tienen un carácter innato. Los dos modelos tienen una base genética que lo posibilita, y necesitan de un medio ambiente que los desarrolle, la diferencia puede ser simplemente de grado o de concepto, pero prácticamente imposible de especificar. La propia funcionalidad cerebral en un medio concreto podría interpretarse como contenidos innatos preexistentes adquiridos por la evolución. Aunque el posterior desarrollo de carácter emergente es muy difícil asimilarlo a las teorías de la Psicología evolutiva.



* Ardila, A.; Ostrosky-Solís, F. (2008): Desarrollo Histórico de las Funciones Ejecutivas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, Vol.8, No.1, pp. 1-21.
* Belinchón, M.; Igoa, J. M. y Riviere, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Ed. Trotta S.A. Madrid.
* Bunge, M. (1973). La Ciencia, su Método y Filosofía. Edición Siglo XX, Buenos Aires.
* Crick, F. H. (1987): Reflexiones en torno al cerebro. En El cerebro. Libros de Investigación y Ciencia, Ciencia Científica, Barcelona.
* Crick, F. H. (1994): “La búsqueda científica del alma: una hipótesis revolucionaria para el siglo XXI”. Debate. Barcelona.
* Dobzhansky, T. (1973). Nothing in biology makes sense except in the light of evolution. The American Biology Teacher, 35, 125-129.
* González Labra, M. J. (1998): Introducción a la Psicología del Pensamiento. Trotta. Valladolid.
Fodor, F. (1986): La modularidad de la mente.Ediciones Morata, Madrid.
* Kurzban, R. (2012): Why everyone (else) is a hypocrite. Evolution and the Modular Mind. Cambridge Forum.
* Leahey, T. (1980): Historia de la Psicología. Ed. Debate. 1982. Madrid.
* Rivera, A. (2007): Evolución y conducta. Arqueoweb, 9 (1).

miércoles, 2 de agosto de 2017

Cerebro, sentidos y lenguaje

El cerebro puede definirse funcionalmente como el órgano que procesa la información sensorial, controla y coordina el movimiento, y junto con el bulbo raquídeo puede controlar el comportamiento y las funciones corporales fisiológicas (frecuencia cardiaca, la presión sanguínea, el balance de fluidos, la temperatura corporal, etc.). De todo ello destacaré un proceso de vital importancia para nuestra conducta: su capacidad de procesamiento de la información que constantemente estaría recibiendo.


Efectivamente, el cerebro continuamente está recibiendo información del mundo exterior, dependiendo de tales estímulos para un correcto mantenimiento de sus funciones. Algunos sencillos experimentos nos pueden aclarar tales ideas, pues a mediados del siglo pasado se realizaron diversos ensayos de privación de estímulos sensoriales prolongados. Su finalidad era investigar el efecto que el déficit severo de información sensorial externa producía en la conducta de adultos. Para ello, alumnos de psicólogo Donald O. Hebb se sometieron a duras privaciones de estímulos sensoriales durante el tiempo que pudieran aguantarlas. Para conseguir dicho efecto, usaron unos vendajes que impedían el tacto, una careta-pantalla de plástico que alteraba la visión de las figuras y un almohadón en forma de U relleno de goma espuma para atenuar los sonidos. Unos electrodos recogían las ondas de su electroencefalograma. Ninguno de los voluntarios duró más de una semana, pues pronto empezaba a disminuirles la capacidad de pensar y hasta se produjo algún caso de alucinaciones (Milner, 1994).

Sin embargo, la falta de percepción de estímulos externos (sobre todo sonoros, táctiles y visuales) desde el mismo nacimiento va a producir un importantísimo deterioro cognitivo. Tal afirmación ha sido ampliamente confirmada en la literatura médica y psicológica, llegando a la conclusión de que el desarrollo emocional y racional depende totalmente de las características de las sensaciones que el cerebro recibe. Pero la información por sí sola no es suficiente, pues debe de estructurarse de forma que sea útil para el desarrollo cognitivo de los seres humanos. En este contexto, en la actualidad se admite que la información adquirida a través del un lenguaje es la mejor (y puede que la única) forma de producir una adecuada estructuración funcional del cerebro, de forma que además de seres humanos nos convirtamos en personas. El proceso necesario de organización de la información pasa por dos procesos: la simbolización de todas las cosas y acciones y su estructuración gramatical. Así, al asimilarse neurológicamente se produce el lenguaje interno (función cognitivadel lenguaje). 

El uso del lenguaje precisa de un sistema de representación de los hechos que se quiere comunicar, es decir, de la simbolización de estos pensamientos, ideas o sentimientos a transmitir. La simbolización puede estar basada en cualquiera de los sentidos humanos que pueden ser reconocidos por otros componentes de la  sociedad, formando un sistema de señales determinado. Destacan, por su mayor funcionalidad, los sentidos acústico y visual, pues el olfato y gusto no son adecuados para realizar tan complejo proceso. El tacto, en principio, es poco práctico, aunque podría igualmente usarse. De hecho, gracias a sus cualidades se puede suplir la falta conjunta de los dos más utilizados (visión y audición), consiguiendo vencer el aislamiento que esas personas ciegas y sordas tenían, y favorecer la comunicación escrita de los ciegos.

Anne Sullivan y Hellen Keller hablando
Un claro y conocido ejemplo lo constituye el caso de Hellen Keller, la cual quedó sorda y ciega a causa de una enfermedad cuando tenía 19 meses de edad. No obstante, comenzó a descubrir el mundo usando sus otros sentidos. Tocaba y olía todas las cosas que estaban alrededor de ella, sintiendo las manos de otras personas para ver o comprender lo que estaban haciendo e imitaba (copiaba) sus movimientos. Cuando tenía siete años de edad había logrado desarrollar algunos signos táctiles con los que comunicaba a su familia sus necesidades más básicas. Pero pronto quedó estancada en este primitivo proceso comunicativo, con lo que la frustración aumentó con la edad. Se convirtió en una persona salvaje, revoltosa y muy agresiva. Esta situación hizo que se viera claramente la necesidad de buscar ayuda fuera del ambiente familiar, para lo cual se contrató a una tutora privada. Anne Sullivan, que había perdido la visión cuando tenía cinco años, fue la persona elegida para educar a Hellen Keller. Lo primero que realizó Anne fue intentar comunicarse con ella, venciendo su agresividad con fuerza y paciencia. El siguiente paso fue enseñarle el alfabeto manual. Anne la ponía en contacto con los objetos y le deletreaba en la mano las palabras. Así, comenzó a animarse y cada cosa que encontraba la cogía y preguntaba a Anne cómo se llamaba. Poco a poco fue preparando a su alumna con nuevas palabras, ideas y conceptos que necesitaría para enseñarle a hablar y comprender la realidad en la que vivía. Como resultado de todo este trabajo, Hellen llegó a ser más civilizada y amable, y pronto aprendió a leer y a escribir con el método para ciegos de Braille. También aprendió a leer de los labios de las personas tocándolas con sus dedos y sintiendo el movimiento y las vibraciones. Con la constante ayuda de su tutora que actuaba de profesora e intérprete, pues señalaba en las manos de Hellen lo que los profesores decían en clase y transcribía en los libros utilizando el sistema Braille, Hellen consiguió graduarse con título de honor de la Radcliffe College en 1904.

Hay que asumir plenamente que la información externa es crucial para el desarrollo cognitivo (emocional y racional) de los seres humanos. Como así lo expresan numerosos psicobiólogos:

En los seres humanos, la dirección genética proporciona la capacidad de aprender, pero el material ideológico y cultural ha de penetrar en el cerebro a través de los sentidos, sin que sea originado por el individuo, sino que ha de proceder del medio exterior. (Delgado, 1994).

Siendo el lenguaje el mejor medio conocido para modelar estructuralmente el cerebro:

El lenguaje no es una obra más de ser humano: nuestra mente ha llegado a ser estructuralmente lingüística. La palabra penetra hasta el fondo de nuestra inteligencia. Por eso la lingüística tiene que comenzar con el estudio de la acción humana. El Lenguaje nace en el Mundo de la vida, y tiene una función práctica: comunicar, organizar la colaboración, pedir, transferir conocimientos, planificar y dirigir la conducta. Sirve para la comunicación exterior y para la construcción de uno mismo (Marina, 1998).

- Delgado, J.M. (1994): Mi cerebro y yo. Temas de Hoy. Madrid.
- Marina, J. M. (1998): La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos. Anagrama. Barcelona.
- Milner, P. T. (1994): “Donald O. Hebb, teórico de la mente”. En Psicología fisiológica. Libros de Investigación y Ciencia, 12-17.

martes, 13 de junio de 2017

Evolución cognitiva y lenguaje

Uno de los aspectos evolutivos que menos se ha desarrollado en las ciencias sociales es el de la evolución cognitiva. Parece obligado intentar profundizar en tan complejo e interesante tema. Lo primero que hay que dejar claro es que la evolución biológica y la cognitiva, aunque dependiente la segunda de la primera, no fueron paralelas, ni tuvieron los mismos parámetros de cambio y desarrollo. En este contexto, es importante valorar la acción de la Arqueología, pues el registro arqueológico, aunque imperfecto, es el único testimonio de lo que pasó, cuándo y dónde. Conocemos algunos ejemplos que indican la existencia de tal diferenciación evolutiva, así como que la estrecha relación especie/cultura no existe, pues todo es un desarrollo heterogéneo en la geografía poblada en un tiempo amplio. 


- Con el inicio evolutivo del Homo ergaster no se cambia de cultura sino que continúa con las tecnologías propias de su antecesor evolutivo el Homo habilis (Olduvaiense o Modo 1), aunque pronto cambia a las formas tecnológicas conocidas como el Achelense o Modo 2. Sin embargo, ya desde su inicio se conoce cierta discontinuidad cultural, que se alarga más o menos en el tiempo y en diferentes lugares geográficos. Mientras en África, el Achelense o Modo 2 se establece en un momento muy temprano, prácticamente con el inicio de la andadura del Homo ergaster, en Europa aparece mucho más tarde, siendo datado sobre el 600.000 B.P. y asociado al Homo erectus evolucionado o al Homo heidelbergensis. En este último continente, las primeras culturas son también las del Olduvaiense, como así se ha conocido recientemente en Atapuerca (la Gran Dolina), donde el Modo 1 estaba asociado al Homo antecessor con una antigüedad que puede superar los 800.000 años, lo mismo pasa con el Homo georgicus del Cáucaso y su antigua datación de 1,8 m. a. Solo al final de este periodo la homogeneidad del Achelense es clara, perdurando hasta los primeros indicios de la siguiente manifestación tecnológica, el Musteriense ya en el Paleolítico medio. Igualmente, no es raro ver yacimientos con estas dos tecnologías en distintos espacios geográficos pero con cronologías aparentemente similares, lo que parece indicar cierta independencia del desarrollo cultural entre poblaciones más o menos coetáneas, o en la existencia de un aislamiento poblacional que pudieron tener los pequeños grupos humanos que vivieron en tan lejanos tiempos.

- Otro ejemplo se aprecia en el inicio del Homo sapiens. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace unos 200.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico, complejo y con mayor poder adaptativo) no aparecen hasta fechas que se sitúan sobre el 60.000 BP (p.e. África en Bomblos), lo que ha sido denominado por Colin Renfrew como la sapient paradox (Renfrew, 2008).

Estos ejemplos nos indican que la evolución cognitiva-cultural (tecnología, logística, simbolismo, lenguaje, arte, etc.) se ven como trayectorias de un desarrollo heterogéneo en el tiempo y en el espacio, en lugar de una innata capacidad biológica de manifestación necesaria y homogénea en cada especie humana. Por tanto pueden clasificarse como manifestaciones de una emergencia conductual y cognitiva (Renfrew, 2008).

Si el cerebro ya había evolucionado con un importante aumento de su volumen, un notable incremento de la superficie de las áreas corticales (sobre todo las asociativas), y con diferentes densidades neuronales que facilitaban una mejor y más densa interconectividad neuronal. ¿Por qué el desarrollo cultural se produce con posterioridad? Pocas respuestas se han ofrecido desde la Arqueología, siendo la más tradicional la que lo justifica por medio de mutaciones favorables, posteriores a los cambios evolutivos ya mencionados, y que favoreciese el desarrollo cultural (Klein 2003). Estas mutaciones, que no se pueden comprobar y no se ajustan bien a los actuales datos de la Psicología y Neurología, poco nos pueden aclarar sobre lo que en realidad pudo pasar.

Actualmente está plenamente aceptado que la evolución biológica precedió a la cognitiva, que no fueron paralelas, que se produjo de una forma heterogénea en el tiempo y en el espacio, y que prácticamente desconocemos casi todo lo referente a la evolución cognitiva en que se produjo a lo largo del género Homo. Dentro del más elemental estudio interdisciplinario, las explicaciones de lo que pasó tendrán que adaptarse a estas conclusiones arqueológicas. Todos somos seres humanos creados por los mecanismos evolutivos, pero, y a pesar de nuestra gran semejanza genética, todos somos personas muy diferentes unas de otras en su pensamiento y conducta. La individualidad personal, lo que nos hace ser y actuar de forma diferente a los demás, no es un producto exclusivamente biológico y evolutivo, pues entraña muchísimas connotaciones culturales, sociales, lingüísticas, tecnológicas, etc., que nos van influyendo y transformando desde el mismo momento de nuestro nacimiento, incluso antes, y a lo largo de toda nuestra vida. Sin embargo, todas las formas de influencia medioambiental anteriormente señaladas no se han creado de la nada, sino que han tenido que crearse paulatinamente, y transmitirse con los medios de cada época entre los seres humanos que las crearon, es decir, crear un nichocognitivo-cultural que haga posible tal desarrollo cognitivo en las nuevas generaciones. Es lo que se llama la evolución cultural, cuya producción depende de la potencialidad y desarrollo de las capacidades cognitivas que la evolución ha otorgado a los seres humanos, es decir, sería la consecuencia de la evolución cognitiva.

Cómo entender y estudiar la evolución cognitiva

La falta de datos y una adecuada comprensión del problema han sido los principales enemigos del estudio de la evolución cognitiva del género Homo. Tanto es así, que incluso en muchos medios académicos simplemente se asimilaba a los logros de la evolución biológica, como si fuera una consecuencia directa, lógica e incuestionable. La falta de datos puede ser cierta, pero menos de lo que se puede pensar. Existen otras ciencias que estudian el problema desde perspectivas diferentes, pero no ajenas a él. La interdisciplina puede ser un método adecuado para el estudio de estos problemas, pues aumenta la cantidad de datos a valorar, y los problemas son analizados de una forma mucho más global, teniendo sus resultados una mejor base metodológica y fundamentada.


Un primer paso sería llegar a un consenso sobre la realidad de nuestro cerebro, no como controlador y regulador de nuestro cuerpo (sobre lo que creo que no existen dudas), sino en su relación con el medio ambiente en el que le haya tocado vivir. En este contexto, la primera complicación que se nos presenta es la existencia de teorías opuestas sobre la forma en que la evolución ha desarrollado el cerebro humano en su relación con el mundo exterior (Evolución neurológica: un enfoqueinterdisciplinario; Relaciones entre evolución y psicología humana).

La conclusión sería considerar al cerebro del ser humano como un sistema neurológico capaz de recibir, procesar, almacenar y recuperar la información que le llega a través de sus sentidos (González Labra, 1998). Conceptualmente se basa en que todo proceso mental o cognoscitivo tiene como origen la información que previamente el cerebro ha tenido que recibir y procesar (Leahey, 1980). Sin embargo, esta capacidad de procesamiento de la información no es totalmente libre e independiente, pues estaría limitada por las características psicobiológicas de cada persona. Éstas, en función de su propia herencia neurológica, no son iguales y juegan un papel importante en el desarrollo de la conducta. Desde el mismo momento del nacimiento se va a producir una organización psicológica, que depende de varios factores fundamentales en la futura conducta del neonato.

En la corteza cerebral es donde se ubicarán las funciones cognitivas correspondientes. Estaría formada por áreas de asociación que recogen los estímulos sensoriales externos ya procesados con la información de otras áreas corticales (secundarias y terciarias), con el objeto de elaborar posibles respuestas más complejas y adaptativas, mientras que otras (áreas primarias solo reciben información del exterior) (Neurociencia). Esta elemental estructuración del cerebro fue analizada el neurofisiólogo ruso Alexandre R. Luria a mediados del siglo pasado, y desde entonces ha sido una de las bases de los estudios neurológicos (Kandel et al. 1997; Luria, 1974, 1979). Estas estructuras ya preformados estructuralmente al nacer son innatas, formando un protomapa de la funcionalidad cognitiva con un carácter poco definido, necesitando para su definitiva estructuración, extensión y ubicación de los estímulos sensoriales externos (Damasio, 1999; Changeux, 1985; Flórez et al. 1999; Mora, 2001; Rakic, 1988, 1995).


Los cerebros de todos los humanos del género Homo, en mayor o menor cuantía dependiendo de su posición en la escala evolutiva, han participado de estas características. En general, podemos destacar dos grandes procesos que intervienen en la evolución cognitiva: la propia evolución biológica, y el desarrollo cultural que pudieron realizar las comunidades humanas. De la primera ya hablé en otras entradas (Evolucióncerebral humana. Mecanismos biológicos), del desarrollo medioambiental lo analizaré a continuación.

La información que nuestro cerebro puede recoger y almacenar del medio ambiente es enorme, no solo por su cantidad sino por las características particulares que tal información puede tener del tiempo y del espacio de la trayectoria vital de cada ser humano. Esta característica de almacenamiento de experiencia vivida es común a todos los seres vivos que tengan un cerebro o formas biológicas de almacenamiento de la información. Su uso presenta dos cuestiones: ¿Cómo se almacena y cómo se puede extraer cuando es necesario?

El almacenaje parece que, aunque de una forma muy genérica, se realizar en las áreas primarias del córtex formando redes neuronales muy complejas que contienen tal información. De la recuperación conocemos que en el mundo animal se pueden recuperar las experiencias vividas cuando se vuelven a repetir las sensaciones que dieron lugar a las informaciones almacenadas, las cuales nos hace fijar la atención en ellas generando un recuerdo. El recuerdo tiene lugar cuando se producen de nuevo situaciones que son similares a las que produjeron tales recuerdos, con ello los resultados también se recuerdan y la conducta tiene nuevas opciones de producción, al valorar la efectividad o no de la respuesta realizada en la primera experiencia.

En el caso de los seres humanos tal proceso ocurre igual. Aunque hay que añadir un dato muy importante, se puede acceder a la información almacenada sin necesidad de que existan de nuevo las causas que lo motivaron. Es decir, recordamos lo que queremos y esto nos aporta formas de conducta totalmente nuevas, en las que podemos utilizar toda la información adquirida por todos los medios (propia y ajena; experimentada, leída y observada; real o supuesta), mezclarla (reflexividad) y elegir la que mejor nos parezca (flexibilidad).

La gran pregunta sería cómo podemos hacer tal cosa. El desarrollo de este complejo proceso, junto con otros muy relacionados (autoconciencia, flexibilidad y reflexividad cognitiva) sería lo que estamos intentando comprender, la evolución cognitiva. ¿Cómo el cerebro de los homínidos pudo lograr realizar tales procesos cognitivos? Naturalmente, esta disponibilidad de la información adquirida sería el resultado final de una serie de avances cognitivos de diversa índole (realizados con diferente capacidad a lo largo de la evolución de nuestro linaje), que al actuar conjuntamente son capaces de lograr tal progreso conductual. Su poder adaptativo es enorme y explica la gran supervivencia y expansión de los homínidos de nuestro linaje. ¿Qué factores generales debieron de intervenir en este proceso de evolución cognitiva? Tenemos varios.

- Sin duda la propia evolución neurológica con el gran desarrollo de las áreas asociativas del córtex cerebral, así como del aumento de la capacidad de interconexión neural.

- Un importante y cada vez mayor tiempo de exposición de estas áreas cerebrales a la información externa. Se trata de la inmadurez neurológica que presentan todos los recién nacidos, como causa del aumento del cerebro y la imposibilidad de progresar en el canal del parto si este cerebro fuera muy voluminoso.

- Unas características de maduración neurológica básicamente desarrolladas en el embarazo (protomapa), que confieren una estructura básica adecuada para procesar la información externa.

- Un sistema que permita trasmitir, almacenar, conservar y utilizar con facilidad la información adquirida. Es el lenguaje, bajo cualquiera de sus formas (sonoro, gesticular, escrito, simbólico, etc.).

- La creación de una información específica a cada ser humano (autobiografía). Se produciría mediante el desarrollo de un lenguaje que fuera poco a poco introduciendo datos sobre las características de la interacción social, el desarrollo de las conductas individuales o propias de cada persona (nombre, trabajo, familia, costumbres, etc.). Todo ello dentro de unos parámetros temporales y espaciales conocidos y aceptados por la sociedad.

Las tres primeras condiciones son de carácter innato, mientras que la última tiene un clarísimo componente adquirido. El lenguaje es el medio que nos permite realizar una definitiva estructuración de nuestro pensamiento (lenguaje humano; pensamiento, lenguaje y conducta; laautoconciencia como capacidad cognitiva emergente), pues con su adquisición lo que hacemos es estructurar el cerebro para que funcione con las características propias del lenguaje. Pensamos como si nos habláramos a nosotros mismos (lenguajeinterno); almacenamos los conceptos que aprendemos por el lenguaje de forma que puedan ser mucho más fácilmente recordados por los mecanismos lingüísticos (el lenguaje une gramaticalmente todos las posibles combinaciones que conozcamos); compone los elementos de nuestra conciencia autobiográfica (creada desde que nacemos y permanentemente presente en nuestro pensamiento).


Significado del lenguaje en la conducta humana

El lenguaje siempre ha sido una constante fuente de estudio, discusión y enfrentamiento entre los autores que han elaborado las diversas teorías que conocemos en la actualidad. Todos somos conscientes de la trascendental importancia que ha tenido en todos los aspectos de la conducta humana, pero sobre su origen, forma de evolución y funciones psicobiológicas las discrepancias y las ausencias son notorias. La producción de tan importante facultad, dentro de las comunidades del género Homo, representa un proceso del que desconocemos muchas de sus claves, y de las pocas que conocemos no todas se utilizan para su compresión. El lenguaje siempre se ha estudiado teniendo como base dos de sus aspectos más aparentes. Primero, en los sonido que conforman las diferentes lenguas y en las consecuencias que aportan (comunicación, aprendizaje, almacenamiento de información, y todo lo que se pueda adquirir por medio del lenguaje externo). Segundo, representa una capacidad cognitiva exclusiva del Homo sapiens (al menos en la actualidad) y que todos los humanos la poseen, por lo que debe de tener un fundamento genético importante. Pero muchas veces se ha olvidado su papel en la organización cognitiva del pensamiento humano, tanto que muchos ni siquiera se han planteado tal posibilidad.

La lingüística cada vez es una ciencia con mayor amplitud teórica, lo que obliga a subdividir sus contenidos en función de los métodos o aspectos que del lenguaje se quieren estudiar. La Neurolingüística y Psicolingüística son dos claros ejemplos de tal parcelación teórica. Esto lo podemos ver bien en las diversas definiciones que sobre el lenguaje conocemos. En general, reflejan los fundamentos teóricos sobre los que se estructura, pero no son los únicos. La definición que recoja más y mejor todos los aspectos que el lenguaje pueda representar debería ser el modelo a seguir. Si vemos las diferentes definiciones que encontramos en diccionarios o trabajos generales sobre el lenguaje, observamos una importante variedad de definiciones, dependiendo de las ciencias que se usen en su estructuración.

- Capacidad propia del ser humano para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra. 

- Sistema de signos que utiliza una comunidad para comunicarse oralmente o por escrito.

- Sistema de comunicación estructurado para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales. Existen contextos tanto naturales como artificiales.


- Un recurso que hace posible la comunicación. En el caso de los seres humanos, esta herramienta se encuentra extremadamente desarrollada y es mucho más avanzada que en otras especies animales, ya que se trata de un proceso de raíces fisiológicas y psíquicas. El lenguaje brinda la posibilidad de seleccionar, citar, coordinar y combinar conceptos de diversa complejidad.

- Conjunto de sonidos articulados con que las personas manifiestan lo que piensan o sienten.

- El lenguaje es una forma de conducta que posibilita en los organismos la capacidad para relacionar y relacionarse con los fenómenos del mundo físico de un modo cualitativamente distinto. Es un sistema de expresión, representación y comunicación que se basan en un sistema de signos y reglas formalmente bien definido y cuya utilización por un organismo implica una modalidad particular de comportamiento (Belinchón et al. 1992).

- El lenguaje humano puede definirse como la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común). (Rivera, 2009).

- El lenguaje sería la capacidad de unir un signo (auditivo, visual, táctil o gestual) con un componente semántico, con un concepto; es decir, la capacidad para genera símbolos (Arsuaga y Martín-Loeches, 2013).

Todas se basan en la gran funcionalidad que tienen sobre la comunicación, pocas sobre la abstracción y simbolización que conlleva su producción, y ninguna sobre la capacidad de organizar y gestionar el pensamiento consciente de los seres humanos. Hay que profundizar un poco en el origen y funciones del lenguaje, pues la funcionalidad va implícita en su propio origen.

Funciones del lenguaje humano

Las funciones que el lenguaje tiene entre los seres humanos son varias y fundamentales para el desarrollo de nuestro pensamiento y conducta.

* Función comunicativa (formas de expresión). Corresponde al sistema de representación formado por signos (articulados y socialmente consensuados), que estarían organizados por medio de unos elementos formales de combinación (gramática). Permite compartir la experiencia personal, la acumulada por la especie y la expresión emocional. Por tanto, su uso facilitaría un mejor y permanente conocimiento de la realidad. Su estudio entra en el terreno de la Lingüística. Sin embargo, las estructuras anatómicas y fisiológicas que participan en la producción y comprensión de estos signos, serán estudiadas por las disciplinas biológicas que analizan la anatomía y fisiología humana.


* Función social (comunicación externa). Forma una conducta voluntaria que regula la acción conjunta de los componentes de una comunidad. Facilita la interacción social, al desarrollar las conductas personales y sociales. Relaciona la conversación con la conducta simultánea o posterior a la misma, donde pueden valorarse los antecedentes, posibles respuestas y consecuencias de tal acción. Destaca la voluntariedad e intencionalidad en la realización de tal proceso lingüístico, donde entraría en juego el concepto de teoría de la mente. Entra en los cometidos doctrinales de la Sociología y Psicología y estaría muy relacionada con la función comunicativa.

* Función cognitiva (comunicación interna). Sería una interacción cognitiva entre el lenguaje y el pensamiento, facilitando el pensamiento racional por medio de diversos procesos internos, como son el lenguaje interno, el pensamiento verbalizado, el lenguaje intelectualizado, el procesamiento computacional de la información, el desarrollo de las capacidades de abstracción, la simbolización, la conciencia reflexiva, el aprendizaje, etc. El tipo de lenguaje que puede utilizar el pensamiento, es el mismo que usamos normalmente con las mismas directrices léxico / gramaticales, aunque con pequeñas variaciones que lo caracterizan como un lenguaje interno. Es como si habláramos con nosotros mismos, consiguiendo adquirir nuevas funciones psicológicas que antes eran externas. Efectivamente, el lenguaje interno es responsable de las funciones mentales superiores, pues transforma la percepción del sujeto, transforma su memoria, y permite la planificación y regulación de la acción, haciendo posible la actividad voluntaria. Nuestro pensamiento está ahora plenamente verbalizado, siendo más fácil pensar, relacionar y expresar todo tipo de situaciones y hechos, con mucha mayor rapidez y claridad. Aparece como una nueva función cognitiva, que facilita el control y regulación de los propios procesos cognitivos, con lo que nuestras acciones, consecutivas a nuestro pensamiento, estarán mejor guiadas y estructuradas (Belinchón et al. 1992; Luria, 1979, Mercier, 2001; Vygotsky, 1920). Igualmente, la transmisión de pensamientos abstractos es muy fácil, al usar el simbolismo que el lenguaje nos permite. De las tres funciones, la tercera es sin duda la menos conocida y, sin embargo, puede ser la que más ha colaborado en el desarrollo de nuestra cultura simbólica.

Evolución del lenguaje, conducta y cognición en el género Homo

Mucho se ha hablado sobre si las primitivas poblaciones humanas tenían o no un lenguaje, pero poco se ha profundizado en las características de tal lenguaje, si es que lo tuvieron. Se habla del lenguaje de una forma muy genérica, sin matizar la gran complejidad que conlleva, ni analizar las características de su formación. Las definiciones que vimos anteriormente nos indican que en un proceso cognitivo compuesto por la utilización conjunta de diversas capacidades cognitivas (memoria, abstracción, simbolización, coordinación motora del aparato fonador o manual, etc.) que la evolución ha ido desarrollando, pero que no fueron iguales en todos los homínidos. Por lo tanto, no se puede hablar de los genes del lenguaje, sino de los genes que propician estas capacidades cognitivas (utilizadas en diversos proceso cognitivos relacionadas o no con el lenguaje). Naturalmente, si falla uno o varios (mutaciones negativas en alguna de las capacidades cognitivas mencionadas) el lenguaje se alterará.

La complejidad del lenguaje no estaría solo en la cantidad de sonidos que se utilizan ni en la articulación de ellos, sino en los significados que entrañan tales sonidos. Es decir, en las abstracciones que han podido simbolizar las poblaciones que utilizan ese lenguaje. El principal problema que tenemos en el estudio del desarrollo del lenguaje en nuestro linaje es que las palabras no dejan huellas arqueológicas. Sin embargo, si analizamos las últimas definiciones del lenguaje (Rivera, 2009; Arsuaga y Martín-Loeches, 2013) vemos que el lenguaje se desenvuelve en la acción o conducta de las poblaciones humanas. Nace dentro de las poblaciones humanas como consecuencia del intento de comunicar las acciones, siendo por tanto la simbolización de tales acciones. La acción es la base de la propia estructura inicial de lenguaje y de la universalidad de su sintaxis, pues es igual en todos los lugares.

Por tanto, el lenguaje parece estar organizado alrededor de las circunstancias que rodean a la acción (verbo) (Bickerton, 1994; Bruner, 1988; Fillmore, 1968; Marina, 1998) lo que puede referirse con la siguiente expresión básica:

Sujeto (quién hace la acción) – Verbo (acción) - Circunstancias de la acción.

En este contexto, la conducta sí deja huellas arqueológicas que pueden estudiarse, y seguirse a través del tiempo. Las abstracciones que configuran nuestro pensamiento y lenguaje no han existido siempre, sino que ha sido preciso crearlas, mantenerlas y trasmitirlas a las generaciones siguientes, por medio del lenguaje de cada sociedad haya podido desarrollar. Y no todas de estas abstracciones dejan huellas de su existencia, pero algunas (posiblemente las más trascendentes) si lo hacen. Las abstracciones básicas y más elementales que podemos intuir en los primeros lenguajes (comer, piedra, cazar, hambre, peligro, miedo, etc.) son relativamente fáciles de realizar. Solo se tienen que poner de acuerdo sobre que sonidos o gestos (las emociones básicas o primarias ya tiene una representación innata de gestos) los pueden representar, siendo admitidas y conocidas por todos los miembros del grupo.

Desde los primeros pasos de la socialización humana en el Homo habilis la conducta observada en sus yacimientos nos indica que tales simbolizaciones lingüísticas debieron de producirse. Sin embargo, hay otra serie de conceptos mucho más difíciles de crear y simbolizar, los cuales son fundamentales para la conducta humana considerada como de tipo moderno. Me refiero a los conceptos sobre la individualidad social y personal, el tiempo, el espacio, la negación, el engaño y la mentira (todos ellos con un importante componente simbólico). De todos ellos en solo se han podido rastrear conductas relacionadas con los tres primeros (individualidad social y personal, el tiempo, el espacio). Pero estos conceptos son fundamentales para el desarrollo de la autoconciencia y de su ubicación en el tiempo y en el espacio (desplazamiento cognitivo), lo que no se consiguió con unas características que se pueden considerar como modernas hasta la transición al Paleolítico superior (Rivera, 1998; 2003-2004). 

Estas abstracciones necesitaban unas capacidades cognitivas cada vez mayores, que la evolución proporcionó al desarrollar cerebros con unas áreas de asociación (secundarias y terciarias) más grandes y con una funcionalidad mejorada (menos densas con mayor poder de sinapsis). El desarrollo de las funciones ejecutivas (lóbulo prefrontal) y del  precúneo (lóbulo parietal), bien contrastado en el Homo sapiens, parece que fue un gran y necesario avance evolutivo. Los factores generales que intervienen en la evolución cognitiva (aumento de la áreas de asociación y mejor capacidad sináptica; existencia de un protomapa; gran y duradera inmadurez neurológica y existencia de un proceso de simbolización de abstracciones o lenguaje) han interaccionado entre todos el mismo desde el mismo inicio de nuestro linaje. El lenguaje, verdadero motor de todo el proceso, en un proceso netamente social, pues solo se produce dentro de las sociedades con la suficiente capacidad neurológica como para interactuar en procesos comunes. Existen claros antecedentes den los grandes primates, y desde luego en la conducta de los primeros homínidos (Homo habilis y ergaster y/o erectus) ya se manifiesta con elemental y desigual desarrollo de los conceptos básicos del tiempo el espacio y la individualidad. Estas abstracciones se desarrollarían de forma paralela a la paulatina creación de diversas palabras representantes de objetos y acciones, que enriquecen la cultura del grupo y facilitan su convivencia y supervivencia.

* El concepto de individualidad (social o personal) se produce con la adquisición de la idea de diferencia social o individual entre diversos grupos o elementos de los mismos (Elías, 1990). La autoconciencia es una capacidad cognitiva emergente (desarrollo cognitivo), lograda gracias a las capacidades cognitivas del cerebro y desarrollada por la estimulación (dentro del periodo crítico o primeros años de su vida) de un entorno social, cultural y lingüístico adecuado.

* El espacio se objetiva con la referencia a objetos fácilmente observables, inmóviles y permanentes, características constantes en el territorio donde se realiza o puede realizarse la acción (Elías, 1992; Hernando, 1999).

* El tiempo se realiza con la referencia de sucesos móviles de carácter no humano, pero con un tipo de movimiento recurrente, como son el día/noche, estaciones, fases lunares, etc. (Elías, 1992; Hernando, 1999).

La realidad de la propia conducta humana indica que casi siempre se producen con una gran interrelación entre estos dos elementos básicos de ordenación de la acción. Así, con su unión, ofrecen al lenguaje una capacidad interpretativa de gran poder explicativo. Sería el caso del cambio de los lugares en función del tiempo (estaciones), la medición del espacio por el tiempo en que se recorre y el concepto histórico de un lugar en un tiempo preciso. La interacción social aumenta con el desarrollo tecnológico, demográfico y cultural de las sociedades, por medio de u aumento del lenguaje usado. Los mecanismos de feed back positivos estarían continuamente produciéndose. Es decir, la compresión de que las capacidades cognitivas superiores tienen más de potencialidad que de realidad manifiesta en el nacimiento, su desarrollo de estas capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.



Conclusiones

La evolución cognitiva y cultural humana está muy relacionada con la evolución biológica, pero con formas y características que las separan en el tiempo y en el espacio. No cabe duda de que ambas están íntimamente relacionadas, pero no podemos seguir insistiendo en que nuestra cognición y cultura es una simple manifestación de las capacidades cognitivas de origen innato y evolutivo. El carácter emergente de muchas de las capacidades cognitivas que más nos diferencian del resto de los entes biológicos (p. e. autoconciencia y lenguaje) es la clave de nuestras propias características como seres humanos. Esta emergencia nace de la interacción de las capacidades adquiridas evolutivamente y de la acción del medio ambiente creado y mantenido por nosotros mismos. En este contexto, el lenguaje adquiere un gran protagonismo, pues éste, junto con el desarrollo social, cultural y económico, va a ser el responsable de la emergencia de nuestra autoconciencia, del desplazamiento cognitivo y del desarrollo de un mundo simbólico (el lenguaje es la primera conducta simbólica creada por los seres humanos) que, para lo bueno y lo malo, nos ha conducido hasta lo que en la actualidad somos.

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